Archivos para febrero, 2010

Este profundo escándalo es más un asunto de poder que de sexo”

Votos de Silencio, El Legionario de Cristo, es una radiografía del sistema de justicia del Vaticano, siguiendo la secuencia de la dantesca historia del padre Marcial Maciel, quien ganó el favor del Papa Juan Pablo II a pesar de años de acusaciones por pedofília. El recaudador financiero más grande de la iglesia moderna, Maciel fundó los legionarios de Cristo, una orden religiosa mundial originada en México con presupuesto anual de 650 millones de dólares y una historia de tácticas controversiales.



El filme sigue a un investigador secreto mientras los testigos declaran sobre los abusos sexuales de Maciel, la tiranía psicológica y los votos secretos que él impuso para asegurar el silencio de los Legionarios.
Con un rodaje en Roma, Ciudad de México, Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Nueva Orleans, el filme sigue el ascenso de Maciel desde el México despedazado por la guerra, ganando el apoyo del dictador español Franco, hasta la consolidación de sus nexos con los oficiales del Vaticano. Un antiguo oficial del Vaticano rompe el silencio en una entrevista criticando el ambiente sectario de los Legionarios de Cristo. Al aumentar la evidencia, Ratzinger, como Papa Benedicto XVI, debe decidir el precio de la justicia.

Fundador:
L. Ron Hubbard. Escritor de ciencia-ficción y practicante de las ciencias ocultas y de la magia negra.
Año:
1953

Presidente actual: 
Heber C. Jentzsch
Extensión: 700 centros en 65 países. En 1991 decía tener alrededor de 8 millones de adeptos. Cifras reales son de alrededor de 50 mil.
Clasificación:  Sociológicamente es una secta destructiva.   Teológicamente es una secta compuesta por un sincretismo de budismo, taoísmo, enseñanzas vedas, gnosticismo, filosofías griegas, cristianismo y las enseñanzas de Freud y Nietzsche.

En Estados Unidos se encuentra registrada como religión, en México se presenta como asociación cultural o civil.

Tesis central: Terapias pseudo-científicas para borrar supuestos traumas (engramas) de millones de años de supuestas vidas pasadas con el fin de lograr la felicidad del ser humano al pasar a un estado conocido como “clear” (tetan operante).Ese estado de superhombre sólo se alcanza por medio de la “Tecnología”, cursos especiales y sesiones de auditación en un aparato llamado E-meter, que puede proporcionar solamente la iglesia de Cienciología. Los costos varían de 250 dólares hasta 25 mil siendo común el precio de 500 dólares la hora por auditaciones.
Citando a Ron Hubbard:
En todo el ancho universo no hay ninguna otra esperanza para el hombre sino sólo nosotros” (La Iglesia de la Cienciología
Poderío
Económico:
Esta secta tiene miles de millones de dólares invertidos en editoriales, estudios cinematográficos, edificios en Hollywood e infraestructura en todo el mundo. Ejemplos:

  • Esterling Management ganó 20 millones de usd. en 1988.
  • La Iglesia Tecnología Espiritual en 1987: 503 millones de USD.
  • Hasta 1991 Gastaba 20 millones de USD. al año en abogados para hostigar a sus críticos incluido Los Angeles Times y la revista Time.

Esto es sólo una pequeña muestra de su capacidad financiera. En 1993 sus propiedades en los Estados Unidos se valuaban en 400 millones de dólares y un cálculo aproximado revela que recibe ingresos por 300 millones de dólares cada año.

“La realidad es que esta “iglesia” constituye un fraude global que sobrevive intimidando a sus miembros y críticos con un estilo similar al de la mafia”

Problemática como secta destructiva: 

Citando la revista Time en su número de mayo 6 de 1991: “La Cienciología se nos presenta como una religión pero no es nada más que un terrible fraude mundial”.

Citando al Christian Research Institute: “A esta conclusión se ha llegado después de analizar las denuncias que tiene por robo, espionaje telefónico a más de cien agencias tanto gubernamentales como privadas (en U.S.A.). Hasta llegar al abuso físico y mental de algunos de sus seguidores.”

Time: “11 líderes máximos de la cienciología incluida la esposa del fundador fueron enviados a prisión en los años 80’s por infiltrarse, robar y espiar telefónicamente…para intentar bloquear a quien los investigara”.


TIME:

No group prompts more telephone pleas for help than does Scientology. Says Cynthia Kisser, the network’s Chicago-based Executive Director: “Scientology is quite likely the most ruthless, the most classically terroristic, the most litigious and the most lucrative cult the U.S. has ever seen. No cult extracts more money from its members.” Agrees Vicky Aznaran, who was one of Scientology’s six key leaders until she bolted from the church in 1987: “This is a criminal organization, day in and day out. It makes Jim and Tammy [Bakker] look like kindergarten.”
TIME:
Psychiatrists say these sessions can produce a drugged-like, mind-controlled euphoria that keeps customers coming back for more. To pay their fees, newcomers can earn commissions by recruiting new members, become auditors themselves (Miscavige did so at age 12), or join the church staff and receive free counseling in ex-change for what their written contracts describe as a “billion years” of labor.


John Weldon Especialista de Christian Research Institute reporta casos que incluyen alucinaciones, conducta irracional, desorientación grave de la personalidad, enfermedades físicas y mentales y aun suicidios por el uso de las terapias de la Cienciología.  La Revista Time reporta también suicidios.

Pepe Rodríguez en su libro “El Poder de las Sectas”, comenta el caso de una estafa grave a una mujer de alrededor de 30 años. El mismo junto con una diputada y juez federal de España fueron hostigados, investigados e intimidados por la secta por exponer sus acciones. Finalmente necesitaron escolta policiaca.
Perspectiva Política:  En mayo de 1995 personalidades de la alta política mexicana como Secretarios y Subsecretarios de Estado recibieron cartas y lujoso material de presentación de la secta de la Cienciología con el fin de hacer proselitismo, exhibir sus poderosos recursos y presentar una imagen de agrupación humanitaria, muy diferente a la realidad.


El Nuevo testamento es el texto antiguo más fiable que exista en la actualidad, al día de hoy existen más de 24 mil copias, 5700 en el griego original; el segundo mejor texto es la Ilíada de Homero con apenas 643 copias y la copia más temprana de Platón es fechada aproximadamente 1200 años después de que Platón escribiera el original. Veamos el siguiente cuadro:

Cuando comparamos los manuscritos del Nuevo Testamento con otros escritos antiguos, podemos ver claramente que la fiabilidad del Nuevo Testamento es muchísimo superior a los demás, tanto en cantidad, cercanía con los escritos originales y en fiabilidad.
Además de las 5700 copias en griego koine, existen en la actualidad alrededor de 19000 copias en Sirio, Arameo, Latín, y Cóptico. La mayoría de los académicos aseguran que el Nuevo Testamento fue escrito en su totalidad antes de finalizar el siglo primero de esta era. Pero, qué pasa si comparamos al Nuevo Testamento con otros escritos del primer siglo? 
Veamos el cuadro:
Suetonius, Tacitus y Titus Livius (Livy) eran historiadores romanos cuyos escritos son la base actual para los que desean aprender la historia romana. Pero cuando comparamos los manuscritos que existen hoy en día, notamos que el total de sus manuscritos suman 48, y la copia más cercana al original es de 800 años. Cuando vemos el Nuevo Testamento, podemos notar que existen 5700 copias, de las cuales la más reciente es del año 130 d.C, y la gran mayoría son copias de antes del siglo tercero de esta era.

Copias del Nuevo Testamento

La copia más antigua del Nueo Testamento corresponde al Papiro de John Ryland (P52), que data del año 125-130 d.C. Este papiro contiene una porción de Juan 18 (Versos 31-32 y 37-38). Algo interesante de este papiro es que está escrito por ambos lados, lo cual es una clara evidencia que los cristianos ya utilizaban el codex de los libros modernos, a diferencia de cómo eran utilizados los papiros de esa época.

Foto p52
Otro papiro es el llamado Bodmer que contiene casi todo el evangelio de Juan y data del año 180-200 d.C. El papiro Chester Beatty incluye grandes porciones del Nuevo Testamento y data del año 200 d.C. El Codex Vaticanus contiene casi toda la Biblia y data de 325-250 d.C; el codex Sinaiticus igualmente contiene casi todo el Nuevo Testamento y la mitad del Antiguo Testamento y data del año 350 d.C; el codex Alexandrinus consiste de casi toda la Biblia y fue copiado alrededor del año 400 d.C. Otro codex casi completo es el Ephraemi, al cual le falta 2 Juan y 2 Tesalonicenses y fue copiado alrededor del siglo 4 de esta era.



Los Patriarcas de la Iglesia

Los manuscritos del Nuevo Testamento no son la única prueba de la fiabilidad del mismo. Los escritos de los padres de la iglesia son otra de las pruebas importantes para el Nuevo Testamento. Estos hombres escribieron en su gran mayoría alrededor de los años 95-150 d.C.
Los escritos de los padres de la iglesia contienen más de un millón de citas del Nuevo Testamento, las cuales de ponerse todas juntas podrían recopilar todo el Nuevo Testamento excepto por seis versos. Esta es una prueba increíble de que el Nuevo Testamento es un documento totalmente confiable [2].
Pero no sólo citaron versos del Nuevo Testamento, sino que además dejaron para la posteridad las enseñanzas dadas por los apóstoles. Es decir, muchos de los críticos insisten que Jesús fue sólo un hombre, y que nunca dijo ser Dios, además dicen que Jesús nunca hizo milagros, etc.
Pues los padres de la iglesia, muchos de los cuales conocieron a los apóstoles, y fueron enseñados por ellos, dejaron por escrito las doctrinas básicas del cristanismo histórico. Por ejemplo, Clemente uno de los obispos de Roma escribió en su carta a los Corintios:
“Temamos al Señor Jesucristo, cuya sangre fue dada por nosotros. Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de Dios. Él hizo al Señor Jesucristo las primicias, cuando Él fue levantado de los muertos.” 
Vemos como Clemente hace referencia a la deidad de Cristo cuando utiliza la palabra ‘Señor’ (Kurios-griego). Además habló acerca de la manera en la que podemos ser reconciliados, cuando hace referencia a la sangre de Cristo siendo derramada por nosotros. Otro dato importante es que el apóstol Juan estaba vivo para cuando Clemente escribió esta carta, por lo que si Clemente hubiera escrito algo que no era verdadero, Juan lo hubiera enfrentado.
Otro de los padres de la iglesia, Ignacio de Antioquía, quien escribió sus cartas entre los años 110-115 d.C, escribió abiertamente acerca de la deidad de Cristo, a quien le llamaba “Jesucristo nuestro Dios,” “hay un solo Dios quien se manifestó a través de Cristo Su hijo”.

Otros hombres que escribieron abundantemente acerca de las doctrinas que mantenemos hoy en día son Policarpo, otro de los discípulos del apóstol Juan y Papias.

Variantes Textuales

Una variante textual es un lugar entre los manuscritos en el que haya alguna discrepancia en el uso de una palabra, la forma de deletrarla, el orden de las palabras, etc. Las variantes se pueden clasificar de la siguiente manera:
  1. Errores de ortografía
  2. Errores que no pueden ser traducidos; sinónimos
  3. Variantes significativas que no son viables
  4. Variantes significativas y viables
Según el Centro para el Estudio de los Manuscritos del Nuevo Testamento existen aproximadamente 400 000 variantes textuales. De estas variantes textuales sólo el 1% corresponden a verdaderos errores. Por ejemplo, hace unos años se encontró un fragmento que incluía un pasaje de Apocalipsis 13:18. El pasaje lee, “Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.” El papiro P115 es diferente pues lee 616 en lugar de 666. El papiro P115 es el fragmento más antiguo de este verso.
Según Dan Wallace, un experto, este número era conocido en el mundo antes del siglo segundo de esta era, pero otros escritos, como por ejemplo de Ireneus, nos muestran que podría tratarse de 666. Otro codex que incluye este número es el Codex C.
Otro ejemplo de estas variantes es el caso de Romanos 5:1 que dice, “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,” pero una de las variantes dice, “Justificados, pues, por la fe, tengamos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” La variante es de una palabra en griego, ya sea ‘echomen’ o ‘echomen’ (la segunda teniendo una ‘o’ larga).
Estas variantes corresponden como dijimos al 1% de las 400 000 variantes existentes en la actualidad. La gran mayoría de las variantes (75%) corresponden a los errores de ortografía. Por ejemplo, el caso más frecuente es lo que se conoce como una ‘nu’ movible. Esto es cuando una palabra termina con una vocal y la palabra siguiente lo hace también, el que hizo la copia coloca un ‘nu’ que es una letra griega (ν). Estos errores son fácilmente detectados por los expertos y no cambian en nada el sentido de las oraciones.
El segundo grupo más frecuente son aquellas variantes que no pueden traducirse y los sinónimos. En el griego, una lengua muy flexible, y algunas variantes cambian el orden de las palabras, pero esto no afecta el significado de la oración, y la única diferencia es el énfasis. Estas variantes tampoco afectan ninguna de las doctrinas cristianas.
Qué es lo más importante? Que ninguna de las doctrinas del cristianismo se ve afectada por estas variantes: ni la deidad de Cristo, ni la justificación por medio de la fe, ni la expiación substitucionaria, etc. Las variantes significativas, las cuales constituyen el 1% de las variantes, tampoco afectan el sentido de lo que declara el texto. Qué diferencia hace que el número de la bestia sea 616 o 666, por ejemplo? En las palabras de Dan Wallace, “si el número de la bestia es 616 tendría serias implicaciones ya que enviaría a la hoguera siete toneladas de literatura cristiana contemporánea.”
El 99% de las variantes textuales corresponden a errores menores que ni siquiera afectan la interpretación de una palabra. Es evidente que Dios ha preservado inclusive hasta las copias hechas de los escritos originales.
Ningún académico serio en la actualidad niega la fiabilidad del Nuevo Testamento como el único texto antiguo mejor preservado en la historia de la humanidad. Estemos confiados en que nuestras Biblias han sido preservadas por Dios para que aún, dos mil años después estemos aprendiendo de las exactas palabras de Él.


Cada día más y más personas, aun en el campo secular, están poniendo en duda, no sólo la capacidad de la psicología para ayudar a las personas, sino también su supuesto ropaje científico. Por ejemplo, el premio Nobel Richard Eynman, dice lo siguiente acerca del status científico de la psicoterapia: “El psicoanálisis no es una ciencia… tal vez se parezca más al curanderismo” (op. cit.; pg. 34).
Y el psiquiatra Thomas Szasz, profesor de psiquiatría en la Universidad Estatal de NY, dice: “No es sólo una religión que pretende ser ciencia, sino en realidad una religión falsa que busca destruir a la verdadera religión” (Ibid; pg. 35)..
La psicología y el cristianismo son dos religiones en pugna. Los problemas con los que lucha la psicología son esencialmente religiosos. Carl Jung, uno de los padres de la psicología moderna, veía la “neurosis” como una crisis de orden espiritual, no como un problema médico.
Lean con cuidado este trozo de una de sus obras, y presten atención a ciertas palabras claves que aparecen allí: ¿Qué deben hacer los terapeutas, pregunta Jung, cuando los problemas del paciente surgen de “no tener amor sino sólo sexualidad; ninguna fe, porque teme andar en oscuridad; sin esperanza porque está desilusionado del mundo y la vida, y sin entendimiento porque ha fracasado en la lectura del significado de su propia existencia?”
El problema que encaran los terapeutas, desde este punto de vista, es el de dar a los pacientes amor, fe, esperanza y entendimiento. ¿No son estos problemas netamente religiosos? ¿Cómo podrá un hombre sin Dios proveer tales cosas a un individuo? Como ven, estamos ante una religión rival que intenta desacreditar el cristianismo.
Esto viene a ser más evidente cuando rastreamos las raíces de las teorías y métodos psicológicos. Al tratar de desentrañar el origen de la psicología nos topamos con tres nombres principales: Sigmund Freud, Carl Jung, y Carl Rogers.
El primero decía que las creencias religiosas son una mera ilusión, y que la religión misma no es otra cosa que “la neurosis de obsesión de la humanidad”. De hecho, Freud atribuía a la religión el origen de los problemas mentales del hombre. Siempre fue un crítico acérrimo de las creencias religiosas.
Carl Jung, en cambio, afirmaba que todas las religiones son positivas, pero imaginarias. En otras palabras, son mitos que hacen bien; todas contienen algo de verdad sobre la psiquis humana y pueden ayudar hasta cierto punto.
Jung veía la psicoterapia como una religión alterna. “Las religiones – decía él – son sistemas de sanidad para las enfermedades psíquicas… Es por eso que los pacientes imponen al psicoterapeuta el rol de sacerdotes, y esperan y demandan de él que los libere de sus aflicciones. En consecuencia, los psicoterapeutas nos ocupamos de problemas que, estrictamente hablando, pertenecen al teólogo” (Ibid; pg. 26; el subrayado es mío).
Jung admite que los psicoterapeutas están invadiendo un terreno que antes era manejado por otros. Ahora bien, no debemos pensar que Jung veía el cristianismo con buenos ojos. No. Jung no sólo repudió el cristianismo, sino que exploró otras experiencias religiosas, incluyendo prácticas ocultistas y la nigromancia, es decir, la comunicación con los muertos a través de un médium.
Lo mismo le ocurrió a Carl Rogers. Estudió en un seminario teológico, pero renunció al cristianismo y se volcó hacia la psicología secular, terminando también en la práctica del ocultismo y la nigromancia.
Y ahora nos preguntamos, estos hombres que repudiaron de ese modo el cristianismo bíblico, ¿realmente tendrán algo que decir a la Iglesia de Cristo acerca de cómo deben vivir los cristianos y cómo deben los hombres tratar con los problemas del alma que Dios creó?
Alguien puede decir: “Bueno, eso depende. Si sus postulados son científicos, entonces no habría ningún problema en servirse de ellos. Un científico impío puede llegar a conclusiones científicas objetivas y verdaderas”. Eso es verdad, pero no en este caso.
Recuerden que aquí estamos hablando de los problemas del alma, y de las soluciones que debemos dar a estos problemas. Los psicólogos no pueden estudiar el alma en una forma científica; ellos se limitan al estudio del comportamiento humano, y en base a esos estudios tratan de determinar por qué la gente se comporta cómo lo hace, y cuáles soluciones pueden dar a sus conflictos.
Pero muchos de ellos ni siquiera creen en la existencia del alma, y una gran mayoría niega la existencia del Dios que la creó. ¿Cómo pueden llegar a conclusiones acertadas en ese terreno? Una cosa es establecer un patrón estadístico de comportamiento, y otra muy distinta pretender explicar el por qué de esos comportamientos, y muchos menos cambiarlos.
Cuando la psicología penetra en ese terreno lo que afirma es pura opinión, pura teoría, pero nada más. Puede ser que en algunos casos, sus opiniones sean de cierta utilidad, pero solo en aquellos caso en que, por la gracia común de Dios, estas opiniones coinciden con las de Dios reveladas en Su Palabra. Pero tales aciertos no deben confundirnos: la presuposición de que las teorías y métodos psicológicos son científicos no es más que un mito. La psicología es una especie de religión, y los que aceptan sus postulados lo aceptan por fe.
El famoso historiador Paul Johnson, en su obra Tiempos Modernos, dice lo siguiente: “Después de 80 años de experiencia, se ha demostrado que en general sus métodos terapéuticos (refiriéndose a Freud) son costosos fracasos, más apropiados para mimar a los desgraciados que para curar a los enfermos. Ahora sabemos que muchas ideas fundamentales del psicoanálisis carecen de base en la biología” (pg. 18).
Y Karl Popper, considerado como el filósofo de la ciencia más grande del siglo XX, dice lo siguiente sobre las teorías psicológicas: “Aunque se hacen pasar como ciencias, tienen de hecho más en común con los mitos primitivos que con la ciencia” (Ibíd.; pg. 55-56).
La segunda presuposición errónea que están asumiendo muchos consejeros cristianos hoy día es que la mejor clase de consejería es aquella que utiliza tanto la psicología como la Biblia. Los llamados “psicólogos cristianos” piensan estar en una mejor posición para aconsejar que los consejeros cristianos, que no son psicólogos, y que los psicólogos que no son cristianos. Ellos creen tener lo mejor de los dos mundos.

El problema con esa simbiosis es que los postulados sobre los cuales se basa la psicología secular se oponen tajantemente a los postulados esenciales del evangelio. Si aprobamos uno de ellos automáticamente desaprobamos el otro. Es por eso que a medida que la psicología ha tomado cuerpo en la Iglesia, muchas enseñanzas falsas han comenzado a infiltrarse también, como por ejemplo: Que la naturaleza humana es básicamente buena, que las personas pueden encontrar respuesta para sus problemas dentro de ellos mismos, que la clave para comprender y corregir las actitudes y acciones de un individuo se encuentran en algún lugar de su pasado, que otros son culpables de nuestros problemas, y así podríamos citar muchas otras cosas más.
En muchos círculos cristianos aún el vocabulario ha sufrido cambios trascendentales. Al pecado se le llama “enfermedad”; el arrepentimiento ha sido sustituido por las terapias; los pecados habituales son llamados adicciones, o conductas compulsivas, de las cuales el individuo no parece ser responsable.
Quizás el ejemplo más palpable de esta distorsión es el énfasis que vemos hoy día sobre la importancia de la auto estima y el amor propio para la realización y felicidad del individuo. Aunque este es un tema muy popular hoy día, en realidad tiene un origen reciente. Hace apenas unos 50 años que surgió fuera de la Iglesia, y desde hace unos 30 años para acá se ha introducido con fuerza dentro de ella, adaptándola de tal modo que parece una doctrina bíblica, basada en textos bíblicos.
Uno de los promotores de esta enseñanza dice lo siguiente: “Nuestra habilidad de amar a Dios y de amar a nuestro prójimo es limitada por nuestra habilidad de amarnos a nosotros mismos. No podemos amar a Dios más de lo que amamos a nuestro prójimo y no podemos amar a nuestro prójimo más de lo que nos amamos a nosotros mismos”.
Y otro psicólogo cristiano escribió: “Sin amor por nosotros mismos no puede haber amor por otros… Tu no podrás amar a tu prójimo, no podrás amar a Dios, a menos que te ames primero a ti mismo”.
Esto parece ser un eco de las palabras del Señor Jesucristo al intérprete de la ley, cuando éste le preguntó: “¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?” Jesús le respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).
¿Está ordenando Cristo a los suyos en este pasaje que se amen a sí mismos, como sugieren algunos psicólogos cristianos? De ser así, no serían dos los mandamientos de los que dependen toda la ley y los profetas, sino tres: Ámate a ti mismo, ama a Dios y ama al prójimo. Y de estos tres, ¿cuál sería el más importante? Obviamente, el amarte a ti mismo, porque de ese dependen supuestamente los otros dos.
¿Pero es esa la enseñanza de ese texto? ¡Por supuesto que no! El mandamiento más importante de la ley no es que nos amemos nosotros mismos, sino que amemos a Dios y a nuestro prójimo. El Señor está presuponiendo más bien que nos amamos a nosotros mismos (aún el que se suicida lo hace porque piensa que estará mejor muerto que vivo), y ahora nos dice: “Con esa misma dedicación, con ese mismo fervor, ama a tu prójimo”.
En la Escritura se habla del amor propio como una obra de la carne, no como una virtud. En 2Tim. 3:1-5 Pablo advierte a Timoteo “que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos”. Por eso el llamado de Cristo a los hombres es a negarse a sí mismos y a tomar su cruz. Cualquier mensaje que enseñe lo contrario no puede ser verdadero, ni mucho menos provechoso. La desgracia de los seres humanos radica precisamente en el hecho de estimarse demasiado a sí mismos y de mirar continuamente dentro de sí mismos.
El hombre sin Cristo ha puesto el “yo” en un lugar inapropiado, y por eso su vida es un caos. Cuando el evangelio llega a nosotros, y nos mueve eficazmente a confiar en Cristo, entonces las cosas caen en el lugar que les corresponde. Nuestro interés primordial no debería ser agradar al “yo” y satisfacer sus demandas, sino más bien vivir para la gloria de Dios.
Como podemos ver, la psicología estudia los problemas del hombre desde una perspectiva completamente distinta a la perspectiva bíblica, y por lo tanto no puede haber una relación satisfactoria entre ambas; una de las dos tendrá que ceder ante la otra. Y tenemos mucha razón para pensar que es la Iglesia la que está claudicando ante el humanismo secular.
Concluyo este punto citando al Dr. MacArthur otra vez: “La ‘psicología cristiana’ es un intento de armonizar dos sistemas de pensamiento intrínsecamente contradictorios. La psicología moderna y la Biblia no pueden mezclarse sin un serio compromiso o un completo abandono del principio de la suficiencia de las Escrituras” (Una Breve Mirada a la Consejería Bíblica; pg. 30).
La tercera presuposición errónea que ha volcado a muchos a buscar ayuda en la psicología es que existen problemas en el hombre que no son físicos, y por lo tanto, no pueden ser tratados por un médico, ni tampoco son espirituales, y por lo tanto, no puede tratarlos un pastor. Son problemas netamente psicológicos o mentales.

Pero esto no es más que un mito. O nuestros problemas son orgánicos, y en ese caso debemos buscar la ayuda de un médico, o tenemos un problema espiritual, y entonces debemos ir a un pastor que trate con nosotros con la Palabra de Dios (por la estrecha interacción del alma y el cuerpo en algunos casos necesitará del trabajo conjunto del médico y el pastor).
Una persona puede tener un problema en el cerebro que le esté ocasionando una conducta extraña o anormal, como la arteriosclerosis, o el Alzheimer; pero tales personas no están mentalmente enfermas. Su problema es biológico y, por lo tanto, debe tratarlos un neurólogo no un psicólogo.
Las enfermedades mentales, si usamos ese término literalmente y no en un sentido metafórico, en realidad no existen, como veremos más ampliamente en otros artículos. El psiquiatra investigador E. Fuller Torrey dice con respecto a esta terminología: “El término en sí es disparatado, un error semántico. Las dos palabras no pueden ir juntas” (cit. por Martin y Deidre Bobgan; pg. 179).
Y el psiquiatra Thomas Szasz, a quien citamos anteriormente, dice: “Es costumbre definir la psiquiatría como una especialidad médica que tiene que ver con el estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales. Esta es una definición sin valor, y engañosa. La enfermedad mental es un mito” (Ibid; pg. 181-182).
Esto no es un asunto de semántica meramente, sino un serio error que está causando no pocos inconvenientes en la iglesia de Cristo de nuestra generación. La psicología ha invadido un terreno que no le corresponde, y muchos pastores mansamente han claudicado ante ella.
Cito aquí a Martin y Deidre Bobgan en su obra “Psico – Herejía; la Seducción Sicológica de la Cristiandad”: “La mayor tragedia que produce el nombre erróneo de la enfermedad mental, es que las personas que están experimentando problemas de la vida buscan ayuda fuera de la iglesia. Y cuando piden esa ayuda a un líder de la iglesia, por lo general son (remitidas) a profesionales que se especializan en ‘enfermedad mental’ y ‘salud mental’. Se ha hecho tan fácil enviar a una persona con problemas matrimoniales o de familia a un profesional de la salud mental, como enviar a una persona con una pierna quebrada a un médico”.
Y luego continúan diciendo: “Los problemas de la vida son problemas espirituales, que requieren soluciones espirituales, no problemas psicológicos que requieren soluciones psicológicas. A la iglesia se le ha embaucado para que crea que los problemas de la vida son problemas del cerebro, que requieren soluciones científicas, más que problemas de la mente que requieren soluciones bíblicas… Mientras llamemos ‘enfermedad mental’ a los problemas de la vida, seguiremos sustituyendo la responsabilidad por la terapia” (pg. 185-186).
Nosotros tenemos en la Biblia un manual completo de todo lo que nuestras almas necesitan para una vida bienaventurada que glorifique a Dios. Los médicos deben tratar con los problemas del cuerpo, los cristianos debemos tratar con Cristo y Su Palabra los problemas del alma humana. Decir lo contrario es resucitar la vieja herejía que Pablo combatió en Colosas, que aunque ahora use terminología científica, sigue siendo igualmente errónea y dañina; los falsos maestros de Colosas querían convencer a estos hermanos de que era bueno tener a Cristo y Su Palabra, pero no suficiente; de ahí la advertencia de Pablo en el capítulo 2 de la carta con las que ahora concluyo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Col. 2:8-10).

Por Sugel Michelén

Desde hace algunas décadas, muchos cristianos profesantes han comenzado a poner en duda la suficiencia de Cristo y de Su Palabra para la guía y dirección de la vida cristiana y para enfrentar los problemas del alma, y consecuentemente han comenzado a buscar soluciones en la psicología secular.
Como bien señala el Dr. MacArthur: “Los ‘psicólogos cristianos’ han venido a ser los nuevos campeones de la consejería en la Iglesia. Ellos son ahora proclamados como los verdaderos sanadores del corazón humano. Pastores y laicos han sido llevados a sentir que están mal equipados para aconsejar a menos que tengan un entrenamiento formal en técnicas psicológicas” (J. MacArthur; Our Sufficiency in Christ; pg. 31).
Esto ha venido a ser tan generalmente aceptado que muchos ni siquiera se han detenido a cuestionar si es lícito este maridaje entre la psicología y la religión o si se trata de un yugo desigual con los infieles.

Lo cierto es que tenemos muy buenas razones para pensar que este matrimonio ha venido a ser uno de los más grandes desastres que ha sufrido la Iglesia de Cristo de nuestra generación, y una de las causas principales de la decadencia espiritual de estos días.

A medida que la psicología ha ido avanzando en la Iglesia, en esa misma medida ha ido disminuyendo la predicación y la consejería bíblica; y a medida que la Biblia es relegada a un segundo plano, y a veces en la práctica eliminada por completo, en esa misma medida se ha ido debilitando la piedad de la Iglesia.
El Dr. Ed Payne, luego de haber analizado el contenido de cierta obra “cristiana” de psicología dice: “Tal psicología, presentada por cristianos, es una plaga en la iglesia moderna, porque tergiversa la relación del cristiano con Dios, retarda su santificación y debilita seriamente la Iglesia. Ninguna otra área del conocimiento parece tener un dominio tan absoluto sobre la Iglesia (como la psicología)” (Psico-Herejía; Martin y Deidre Bobgan; pg. 79-80; el paréntesis es mío).
Y el Dr. Vernon McGee, muy conocido por su programa “A través de la Biblia”, escribió hace unos años un artículo titulado “Psico-Religión – el nuevo flautista de Hamelín”, en el que dice lo siguiente: “Si la tendencia presente continúa, la enseñanza bíblica será eliminada totalmente de las estaciones de radio cristianas, así como de la TV y del púlpito. Esta no es una manifestación infundada hecha en un momento de preocupación emocional. La enseñanza bíblica está recibiendo baja prioridad en las emisiones radiales, en tanto que la llamada sicología cristiana es puesta al frente como solución bíblica a los problemas de la vida” (op. cit.; pg. 80).
Es hora de que nos detengamos a pensar seriamente en este asunto. 

¿Es la Palabra de Dios suficiente para tratar con los problemas del alma, o necesitamos también la ayuda de la psicología secular?

Ahora, estoy consciente de que este es un tema polémico que puede levantar una serie de interrogantes, por lo que me adelanto a hacer una aclaración. Mi punto aquí no es que la psicología no tenga ninguna clase de utilidad, sino que su utilidad es limitada. La palabra “psicología” significa estudio del alma. Pero lo que la psicología estudia realmente es la conducta humana, no el alma. Y sus observaciones limitadas a ese campo pueden ser útiles: en el área vocacional, para detectar problemas de aprendizaje y ayudar a las personas a superarlos, en el área industrial, en la educación.
Pero nuestro foco de atención aquí es el uso de la psicología para tratar con problemas tales como la ansiedad, el temor, la ira, la depresión, la amargura, el descontento, los problemas matrimoniales, los hábitos pecaminosos; para lidiar con estas dificultades la psicología no tiene ninguna solución que ofrecer que no podamos encontrarla en la Palabra de Dios.
Presuponer que necesitamos la psicología para tratar con los problemas del alma es falso, y esto por dos razones: en primer lugar, porque se fundamenta en algunos conceptos erróneos acerca de la psicología; y en segundo lugar, porque limita el alcance y eficacia de la Palabra de Dios.
¿Cuáles presuposiciones erróneas asumen aquellos que se han volcado hacia la psicología para tratar con los problemas del alma humana?
En primer lugar, presuponen que la psicoterapia (el aconsejamiento psicológico con sus teorías y técnicas) es una ciencia objetiva, cuando es en realidad una especie de religión que posee sus credos y sus dogmas, y en los cuales sus adherentes ejercen fe.