En busca de un Obispo Militar

Publicado: junio 13, 2010 en catolicismo, catolicos, guerra, Obispo, obispo militar

La figura de obispo o capellán militar no existe en el Ejército mexicano, aunque ante el recrudecimiento de la guerra contra el narco y las numerosas muertes de soldados y marinos hay voces que exigen se establezca este apoyo religioso.

Uno.- Seis jóvenes viajan al poblado de Santiago de los Caballeros, en el municipio de Badiraguato, Sinaloa. Van a una fiesta. En un retén militar los soldados les marcan el alto para una revisión. Pero el conductor sigue su marcha. La tropa dispara sobre la camioneta y mata a cuatro de los jóvenes. Dieciséis militares quedan bajo investigación por lo ocurrido.

Monumento a la entrada de la Iglesia Cristo de la Paz, vecina a la Secretaría de la Defensa Nacional.

Dos.- A las afueras del Tecnológico de Monterrey, en la capital del estado de Nuevo León, se desata una persecución. Los militares buscan a varios sujetos fuertemente armados que huyen en varias camionetas. En la balacera dos jóvenes mueren por el fuego cruzado entre soldados y sicarios. Los militares aseguran que los fallecidos eran parte del grupo criminal. Así lo dan a conocer a la Procuraduría General de la República (PGR) y ésta, a su vez, lo informa a los medios de comunicación. Un día después se conoce la verdad: las víctimas eran en realidad destacados estudiantes de posgrado del Tecnológico de Monterrey. No hay militares detenidos por los hechos.

Tres.- Dos familias viajan por la carretera de La Ribereña, al norte de Tamaulipas. Van hacia la playa de Matamoros a pasar el día. Al llegar a un retén militar, bajan los vidrios para que los soldados vean quiénes viajan en el vehículo. Los militares no les indican que se detengan. Los dejan pasar. De pronto, una lluvia de balas cimbra la camioneta. Ráfagas de metralla y hasta granadas impactan al vehículo. Las familias huyen despavoridas, pero los disparos matan a dos niños de cinco y nueve años de edad. No hay militares detenidos o sometidos a investigación.

“NO MATARÁS…”
—¿Cómo se acercan ustedes a un soldado cuyos disparos acaban de quitarle la vida a un civil inocente? ¿Qué le dicen? ¿De qué le hablan como sacerdotes cuando ha hecho algo así?

—Les hablamos del respeto por la vida, repasamos el Evangelio, les repetimos la importancia del respeto a la vida humana como uno de los fundamentos de la fe católica…

—Sí, pero, ¿cómo manejan ustedes ante los soldados, ante la tropa que va a las iglesias, por ejemplo, el quinto mandamiento, el “No matarás”? ¿Qué les dicen a los soldados?

Sereno, con voz pausada, el padre Leonardo Rojas Pérez, responsable de la Asociación de Clérigos Castrenses (ACC), creada en octubre de 2001, insiste en su respuesta pero al final añade: “Desde luego nosotros predicamos el principio de la vida, pero al mismo tiempo no podemos ni señalar ni intervenir ni escudriñar cuando otras instituciones no asimilan o simplemente no actúan conforme a la doctrina católica, porque no es parte nuestra el poder juzgar o administrar otras instituciones. Ellos tienen sus propios principios”.

—¿Les hablan ustedes a los soldados sobre el mandamiento “No matarás” adaptándolo a lo que ellos hacen? ¿De acuerdo con su profesión?

—Nosotros predicamos los principios católicos de respeto a la vida, de manera que si alguien dice: “Yo soy católico pero voy a actuar de esta manera”, bueno, pues actuará con otros principios y nosotros no podemos hacer nada al respecto.

—¿Hablan de estas cosas con la tropa, con los oficiales o jefes durante misa? ¿En los cuarteles?

—Nosotros no entramos a los cuarteles. La gente, los laicos, son quienes entran a las unidades habitacionales del Ejército y de la Armada e invitan abiertamente a los soldados a acercarse a los templos católicos. Ellos vienen a nosotros y en cada sitio donde hay un templo, una capilla, se les habla, se les escucha y se les atiende en sus necesidades espirituales.

Vitral de Mario Juárez Ruiz, San Miguel Arcángel. Soldado celestial, en el templo de Cristo de la Paz.

MUCHOS SOLDADOS Y POCOS CAPELLANES
El trabajo de la Iglesia Católica en México para atraer a los militares hacia sus templos parecería relativamente sencillo. Los militares y sus familias son mexicanos. Los mexicanos, según datos del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI) de marzo de 2008, son mayoritariamente católicos y cada domingo 10 millones 704 mil fieles acuden a las celebraciones religiosas en los nueve mil 906 templos y parroquias que hay en el país.

Esto, de acuerdo con el INEGI, arroja un promedio de 200 católicos profesando su fe en los templos de México en forma mayoritaria, aunque el Instituto señaló, al difundir estos datos, que el número de mexicanos no creyentes iba en aumento desde entonces.

Datos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), actualizados para M Semanal, indican que en México hay 91 diócesis, ocho mil templos y 15 mil sacerdotes para atender espiritualmente a todos los mexicanos y, por supuesto, a los militares. El padre Leonardo Rojas señala que el esfuerzo del Episcopado Mexicano por lograr un acercamiento con el Ejército como institución y para conseguir el gradual establecimiento de capillas en el interior de los cuarteles es muy reciente y ha ido con paso lento. La falta de infraestructura y de personal por parte de la CEM, para avanzar en los objetivos de la Dimensión Fuerzas Armadas, es más que elocuente. Del universo de más de nueve mil templos católicos que hay en el país, sólo cuatro están dedicados ex profeso a atender a los integrantes del Ejército, Fuerza Aérea y Marina Armada de México, que hoy suman cerca de 260 mil efectivos en las tres ramas. A esa cifra se deben agregar otros 300 mil militares en situación de retiro y sus familias en todo el país.

El encargado de la Dimensión Fuerzas Armadas añade que cada año, desde hace siete, 16 sacerdotes de distintas diócesis asisten al encuentro que se realiza en la Ciudad de México para revisar la forma en que se va aplicando la Pastoral Militar entre los soldados y sus familias. Recuerda que en México el esfuerzo para “acercar la palabra de Dios a los cuarteles es muy reciente, muy nuevo”, y asegura que los 16 sacerdotes y los cinco titulares de las capellanías dedicadas ex profeso a atender a militares en La Paz, Baja California (padre Gabriel Baltasar Flores); en Nuevo Casas Grandes, Chihuahua (padre Obispo Gerardo de Jesús Rosas); en Naucalpan, Estado de México (padre Antonio Martínez); en Cuernavaca, Morelos, (padre Francisco Montoya Venegas), y en Lomas de Sotelo, Distrito Federal (padre Otto Galicia), “son suficientes para seguir adelante con la etapa en la que estamos”. En realidad sólo cinco sacerdotes católicos trabajan de tiempo completo en la atención directa de las Fuerzas Armadas mexicanas. Sin embargo, en cada diócesis, los obispos atienden a los militares como parte de su quehacer diario, explica el padre Rojas.

El padre Toño, de la Capellanía Militar de Nuestra Señora de Guadalupe .

“GANAR LAS MENTES Y LOS CORAZONES”
El 16 de junio de 2006, en el tramo final del sexenio foxista, el cardenal Norberto Rivera Carrera acudía por tercera y última ocasión en el sexenio a las instalaciones del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV) de la Armada de México, para dictar la conferencia “La Iglesia Católica en México”, ante decenas de mandos navales y militares.

El prelado acudió a las instalaciones de la Marina Armada el dos de abril del 2004, el 16 de junio de 2005 y, finalmente, el 16 de junio de 2006. El último encuentro de Rivera Carrera con los oficiales de la Marina y los jefes del Ejército Mexicano fue ríspido y dejó un sabor amargo entre la milicia. En su exposición, casi al final, el cardenal fustigaba el modo de vida castrense al señalar: “No podemos considerar intrascendente la ausencia de los lazos humanos y espirituales que deben cultivarse en las familias militares: la fidelidad a la patria pasa por la fidelidad a la propia familia”, insistió, y aseguró que los militares necesitaban con urgencia de la “energía vivificadora” que “transforme” desde su interior y modifique el entorno de vida de los hombres y mujeres del Ejército, Fuerza Aérea y Armada de México.

Pero no sólo Rivera Carrera expuso sus puntos de vista en las instalaciones de la Marina Armada. Otros líderes religiosos fueron invitados durante el foxismo a la sede naval y hablaron ante el personal y algunos invitados de la Defensa Nacional y de la Secretaría de Gobernación. Uno de ellos fue el ingeniero Mauricio Lulka, líder de la comunidad judía en México, quien impartió la conferencia magistral “La religión hebrea y su importancia en las relaciones e integración social nacional”, el 21 de junio de 2005. Un año más tarde, el ocho de junio de 2006, Lulka asistió por segunda ocasión para ofrecer otra plática al personal de oficiales de la Armada y cursantes del CESNAV.

También el pastor Arturo Farela Gutiérrez, líder de la Iglesia Protestante de México, fue a la sede naval a ofrecer la conferencia “La Iglesia Protestante mexicana y su importancia en las relaciones e integración social nacional”, el 21 de junio de 2005 y el ocho de junio de 2006, exactamente en las mismas fechas en las que el ingeniero Lulka habló ante los militares.

¿OBISPO MILITAR?
El contexto del cauto y limitado acercamiento que viven ambas instancias es el de la ofensiva que el gobierno del presidente Felipe Calderón sostiene contra los cárteles de la droga y la sangrienta respuesta de éstos al embate policiaco-militar. Así, la coyuntura para el apoyo espiritual y humano hacia los soldados por parte de la Iglesia Católica mexicana es más que pertinente, señala el padre Rojas, nombrado por el obispo de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, monseñor Hilario Chávez Joya, como el responsable de la ACC desde 2001. Pero para el general (retirado) Roberto Badillo, con los servicios espirituales que presta la Iglesia a las tropas mexicanas es más que suficiente. No hacen falta capellanes militares o templos al interior de los cuarteles, ni mucho menos la creación de un obispado militar o el otorgamiento de grados castrenses a sacerdotes, como ocurre en Colombia, en Argentina, en Perú o en Chile, indica el militar. Badillo Martínez, ex diputado federal priista y comandante en varias zonas y regiones militares, recuerda que el Ejército mexicano es el único en el continente que no cuenta con capellanes militares reconocidos oficialmente por la Defensa Nacional, con grados y templos al interior de los cuarteles y con la figura de un Obispo Militar instituida ante el Estado mexicano, pero añade: “Estamos bien así; las leyes militares no nos prohíben ir a misa o tener creencias religiosas”, dice Badillo Martínez. “No estaría mal que hubiera capellanes, pero no es necesario, así estamos bien”, agrega.

El general Luis Garfias piensa diferente. Ex diputado federal priista y también perredista, historiador y ex catedrático en la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea (UDEFA), sostiene que en estos tiempos violentos de guerra al narco “es importante que haya presencia pastoral en los cuarteles, porque los soldados no saben si van a regresar al batallón o a sus casas”, y agrega: “En todos los países, hasta en los más laicos, hay capellanes no sólo católicos, sino de varias religiones; hay rabinos, hay protestantes. Todos ofician de manera normal. Cuando hay graduaciones en los cuarteles, el primero en hablar, el primer orador, es un sacerdote o un capellán militar”.

—¿Por qué en México no hay capellanes ni obispos militares?

—Porque tenemos una herencia desde la época de la guerra entre liberales y conservadores. Cuando se dio el final de la guerra, con la derrota de los conservadores y la Constitución de 1857, se acabó el fuero eclesiástico, la Iglesia y el Estado fueron separados y las cosas quedaron así.

Garfias considera muy importante que exista el servicio de capellanes militares en México, porque el número de víctimas en la lucha contra el narco en las filas del Ejército y de la Armada va en aumento, pero también cree que es suficiente con que haya servicios religiosos para la milicia y rechaza la idea de un Obispo Militar. “Un Obispo Militar no, más bien un servicio militar religioso con todas sus cosas, con sacerdotes en las unidades y con superiores. Yo estoy de acuerdo en que haya este tipo de servicio, porque he visto cómo funciona y sé que se evitan muchos problemas de tipo moral en las zonas habitacionales de los ejércitos; se evitan los escándalos, porque la presencia de capellanes militares sirve como un freno moral para la gente que tiene mala conducta en el Ejército”, apunta Garfias.

ALGÚN DÍA
La pregunta sigue en el aire: ¿Por qué no hay un Obispo Militar en México como los hay en otros países de Latinoamérica? Bernardo Barranco, sociólogo experto en temas religiosos, explica que una parte de la respuesta se encuentra fuera del país, en la historia de la formación de los ejércitos y en sus raíces sociales, y otra en el origen histórico del Ejército mexicano.

En Latinoamérica, la mayoría de las fuerzas armadas tuvieron un origen burgués, se crearon y fueron creciendo en estratos sociales altos o medios, alejadas de las raíces populares que siempre caracterizaron a los militares mexicanos. Los ejércitos latinoamericanos y sus cúpulas de mando constituyeron, con el paso del tiempo, una élite. Dieron un sentido de casta y pertenencia de clase social a quienes integraban sus filas, porque el vínculo con el poder político y con el ascenso social era algo natural. En cambio, en México, la gente se unía al Ejército porque ésta era una forma de salir adelante, de tener un empleo y un lugar dónde vivir. El grueso de la milicia mexicana no se ubicaba nunca entre las clases media y alta, ni tampoco aspiraba al poder político como parte de la evolución en la carrera de las armas. “Esto marca una gran diferencia, porque en México, al triunfo liberal y la derrota de los conservadores, la reestructuración del Ejército mexicano —que se dio con el proceso de la Revolución— se vio permeada por la postura del Estado ante el tema religioso”.

En el Ejército se dio el proceso de formación y transformación a partir de una base popular. Al mismo tiempo, los gobiernos surgidos de la Revolución tuvieron mucho cuidado de no contaminar a la institución armada con el tema de la religión, detalla Barranco. Esta dinámica en las relaciones Iglesia-Estado se mantuvo durante décadas y hay que tener en cuenta que existen tradiciones “que pesan, y los militares si bien son muy religiosos, son también muy institucionales, están adoctrinados para ello”.

Barranco agrega que si no ha existido hasta la fecha la figura de un Obispo Militar ha sido porque “en el Ejército mexicano los mandos son muy cuidadosos y lo que menos quieren en estos momentos y en los últimos años es abrir mayores focos de conflicto”.

Pero el padre Leonardo Rojas, responsable de la Dimensión Fuerzas Armadas, tiene una explicación sobre por qué no hay un Obispo Militar en México: “Es decisión del Papa cuándo deba ocurrir”, asegura. El presbítero explica que el estado Vaticano tiene la prerrogativa de crear la figura de Obispo Militar en aquellos países en donde cuente con una representación diplomática y en los que, a consideración del Papa en turno, sea necesaria la presencia de un obispo castrense y de la creación de un Ordinariato con el que se oficialice tal figura, así como la existencia de capellanes con grado militar. Si esto ocurriera, entonces sería posible que hubiera templos y capillas al interior de los cuarteles, que los sacerdotes tuvieran un grado militar y que acompañaran a las tropas en una relación estrecha y directa, como sucede en otros países.

Hay dos mecanismos con los que el Vaticano puede crear la figura del Obispo Militar: consultándolo con el país en el que se va a instituir tal figura, o bien de manera unilateral, anunciándole a ese país que el Papa ha decidido que es tiempo de que haya un Ordinariato y con él todo el andamiaje que acompañará al obispo castrense. El padre Leonardo detalla que el mecanismo unilateral para anunciar el establecimiento de un Obispo Militar se da “porque la Iglesia siempre tiene las capacidades, de una forma autónoma y libre, de establecer la evangelización y la catequesis para todos”.

—¿El Vaticano hace algún tipo de análisis del país en el que se va a instaurar la figura del Ordinariato y del Obispo Militar? ¿Se hace algún análisis social, político de lo que ocurre en ese país?

—No. Lo que el Papa siempre pide a las Conferencias Episcopales es saber qué estructura humana y de organización eclesiástica hay para poder ofrecer el Ordinariato Militar.

Al final, la decisión sobre si es pertinente crear estas dos figuras depende sólo del Papa, “y esto es cuestión de tiempo, de dos o tres años, de 10 o 20 años, de lo que la Santa Sede considere de acuerdo con la capacidad para atender a la estructura militar de ese país”, añade el padre Leonardo. En el caso de México, dice, “apenas vamos empezando, estamos en el inicio de una labor que algún día permitirá que haya un Ordinariato y un Obispo Militar. El Papa decidirá cuándo deba ser”.

Jorge Alejandro Medellín/ fotos: Arturo Bermúdez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s