“Papá me prometió seis millones de dólares”

Publicado: junio 28, 2010 en Abusos sexuales, Benedicto XVI, catolicismo, catolicos, Joseph Ratzinger, Legionarios de Cristo., padre Maciel, papa, papa juan pablo ii., pecado, pederastia, pedofilia

Raúl, uno de los dos hijos que tuvo Maciel con la mexicana Blanca Gutiérrez Lara, habla de los abusos a los que fueron sometidos él y su hermano por parte del fundador de los Legionarios de Cristo.

Jason Berry*

Nacido en México en 1980, de cabellos negros y cortos, Raúl González mide más de un metro 80. En un punto de la entrevista, cuando describió los abusos que padeció en su infancia y adolescencia a manos de su padre, el fallecido fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado, se echó a llorar. González dio su versión en una entrevista publicada la semana pasada en el National Catholic Reporter y hoy en M Semanal. La demanda interpuesta el lunes 21 alega que la Legión facilitó los abusos de Maciel hacia su hijo, agregando un capítulo más a esta saga de engaño y depravación tras dos años de la muerte de Maciel, quien por décadas sostuvo una enorme influencia en los círculos vaticanos como favorito del papa Juan Pablo II.

La Legión de Cristo y sus seguidores adulaban a Maciel llamándolo “nuestro padre”, y difamaban a los ex legionarios a quienes él violó luego de que hicieran públicas las denuncias. Ahora, en un giro irónico, la Legión ha buscado hasta cierto punto reconciliarse con sus víctimas. El actual director de la orden, Álvaro Corcuera, de 52 años, viajó desde Roma a Nueva York para un encuentro de cuatro horas, el 13 de mayo, con Juan Vaca, de 73 años, una de las víctimas más ancianas del fundador, quien como joven sacerdote en diversas ocasiones trató de hacer que el Vaticano denunciara a Maciel. Un vocero de la orden confirmó el encuentro pero añadió que Corcuera no comentaría nada al respecto hasta que la Santa Sede nombre al nuevo comisionado para supervisar a la Legión: el papa Benedicto XVI, quien en 2006 enviara a Maciel del ministerio activo a “una vida de oración y penitencia”, recientemente decidió instalar un comisionado para la Legión de Cristo en su sede romana, luego de un año de investigaciones a cargo de un grupo de obispos. En mayo, el Vaticano señaló a Maciel por haber llevado “una vida sin escrúpulos y carente de genuino sentido religioso”.

La demanda, cuyo monto buscado desde el patrimonio legal de Maciel y de la Legión como reparación del daño no ha sido revelado, se ha interpuesto desde New Haven por ser el estado de Connecticut, EU, la sede legal de la Legión, y porque Maciel se supone abusó de González en territorio mexicano pero también en el de ese país. La demanda fue preparada por el abogado Jeff Anderson, quien ha litigado cientos de casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes.

Este reportero videograbó la entrevista el siete de mayo en Stillwater, Minnesota, un día después de que González se entrevistara con su abogado. Anderson no estuvo presente. Un tema recurrente fue el temor que González sentía hacia su padre y hacia la Legión, y la preocupación que albergaba por su hermano Omar, hoy de 33 años, quien supuestamente fue también abusado repetidas veces por Maciel. Omar vive en México y sabe de la demanda, dice Anderson.

Raúl fue uno de los dos hijos que Maciel tuvo con Blanca Gutiérrez Lara. Ella tenía 22 y Maciel 60 cuando nació Raúl, y Maciel les brindó manutención y una casa en Cuernavaca. Omar, hijo de ella de una relación previa, tenía tres años. El padre, que ellos conocían como Raúl Rivas, los visitaba “quizá cada cuatro meses”, dijo Raúl, y añadió que “en esas visitas, él se quedaba siempre en un hotel”.

“Tengo recuerdos”, continúa. “Tipo, ‘mi papá ya viene’. Siempre lo esperaba a la puerta de la casa, a la llegada de su coche… Mi papá le dijo a mi mamá que era agente de la CIA. Luego —continúa—, el señor Raúl —como llamaban los vecinos a Maciel— le dijo a mi madre que trabajaba como detective para la petrolera Shell”. El señor Raúl y Blanca tuvieron otro hijo, Cristián, en 1991.

La familia González vivía cómodamente con el dinero que enviaba el padre; ninguno supo, dice González, que éste era sacerdote hasta 1997, cuando salieron a la luz las denuncias de sus ex seminaristas. Fue entonces cuando González insistió que su madre no dejara a Cristián, de siete años, solo con su padre. Maciel jamás apareció en las fotos familiares, aunque seguido las tomaba, dijo Raúl.

En 1987, cuando Raúl González tenía siete años, viajó por primera vez solo con su padre a Colombia. Recordó resistir un sólo intento que Maciel hizo de violarlo. “Mi instinto humano me decía, no puedes hacer eso. Me moví y él paró. No me forzó”.

Tenía cerca de nueve años cuando su padre le pidió a Blanca que lo enviara a Roma. “Mi madre confiaba en él porque era mi padre”, dijo Raúl: “Ok, ve con tu padre, vete de viaje, no hay problema”.

Recuerda que Maciel lo recibió en el aeropuerto de Roma en un Mercedes azul, y que lo llevó a un departamento donde “mi padre me dijo que ésa era mi tía y que ésa era mi hermana”. Eran Normita, de poco más de un año entonces, y la madre de ésta, Norma Hilda Baños, la segunda amante de Maciel a quien éste conoció en Acapulco años atrás. Maciel los instaló durante un mes en Roma. Una mujer, cuyo nombre Raúl no recuerda, le ayudaba a la tía Norma con Normita.

“Fuimos al Vaticano”, recuerda. “Estábamos en una capillita donde oficiaba misa él para Juan Pablo II”. Maciel tenía esos accesos, arreglando misas privadas en el Palacio Apostólico para sus benefactores gracias a las dádivas económicas que él y la Legión le entregaban al entonces monseñor Stanislaw Dziwisz, asistente cercano de Juan Pablo II y hoy cardenal de Cracovia.

González no recuerda haber recibido la comunión de manos del Papa, pero sí que Juan Pablo II saludó de mano a los presentes. Tampoco recuerda dónde estaba su padre en esa misa. “Yo estaba con Norma, la madre, y con mi hermanita Normita”, dice. “Y besé el anillo de Juan Pablo II”.

Pero quien tomó las fotografías del joven Raúl y de Normita de la mano de un guardia suizo seguramente fue Maciel. Raúl tiene esas fotos en su poder: el hombre que no quería dejar rastro de su presencia en Cuernavaca sin embargo tomaba fotos que para él eran importantes.

González no preguntaba sobre la relación de Norma con su padre; en la inocencia de una infancia compleja aceptaba la realidad como venía. La “familia” viajaba junta a Sorrento, Capri y Nápoles cuando estaba soleado. En Roma, “durante el día (Maciel) se retiraba y regresaba por las noches”, presumiblemente después de terminar sus ocupaciones en el seno de la Legión.

El niño regresó a México luego de un mes. Al pasar los años el padre llamaba frecuentemente a sus hijos por larga distancia. “Nos decía siempre que no olvidáramos ir a misa, y que fuéramos buenos. Para ser sincero, yo apreciaba mucho esos consejos, (como) no mentir. Eso nos dejó de bueno”.

Poco tiempo después del cumpleaños número 10 de Raúl, Maciel arregló que viviera con una familia en Dublín para que entrara allí a una escuela privada y aprendiera inglés. Esto era 1990 cuando, dice, los ataques comenzaron.

LA REIVINDICACIÓN DE VACA
Si Juan Pablo II hubiera actuado por las denuncias contra Maciel que Juan Vaca le detalló al Papa en su carta de 1989, pidiéndole dispensarlo de sus votos sacerdotales, la carrera de Maciel se hubiera frenado, evitándole acceder a fondos de la Legión y quizá impidiéndole a González viajar a Irlanda.

Vaca entró a la Legión en México en 1947, a la edad de 10 años. Repetidamente violado por Maciel en España desde los 12 y durante toda su adolescencia en Roma, el joven sacerdote fue a Orange, Connecticut, como director territorial de la Legión para Estados Unidos. En 1976, cuando Vaca se fue de la Legión entrando a la diócesis de Rockville Centre, Long Island, Nueva York, envió una encendida carta de 12 páginas a Maciel, nombrando a 20 víctimas más. Ayudado por el obispo John R. McGann envió copia de la carta al Vaticano a modo de protesta formal, lo que no tuvo consecuencia alguna. Con el apoyo de McGann volvió a pedir al Vaticano, vía valija diplomática, que castigara a Maciel, de nuevo sin consecuencias. Su intento final, en 1989, nuevamente por medio de canales oficiales, incluyó una carta dirigida a Juan Pablo II recontando los actos de Maciel. En 1993, Vaca recibió la dispensa a sus votos, pero las acusaciones contra Maciel fueron ignoradas hasta que otro ex legionario, José Barba, montó el caso de derecho canónico contra Maciel en 1998.

Corcuera, actual director general de la orden, viene de una familia de la clase alta mexicana. Cuando fue contactado por él, Vaca lo recibió en el Mercy College de Manhattan, donde es profesor adjunto de sicología y sociología. Vaca narra cómo se encontraron solos en una sala de conferencias: “Me abrazó como hacen los hombres mexicanos y estaba a punto de hincarse a pedirme perdón pero lo detuve, y lo hice sentarse a la cabeza de la mesa y me puse a su derecha. Estaba relajado y amable. Luego de un rato comencé a llamarle Alvarito”.

Vaca, casado por muchos años, dijo que asumió un papel paternal, preguntándole al actual director su historia. Corcuera recordó su juventud en una escuela legionaria, inspirado por Maciel, su ingreso a la orden en México y su seminariado en Connecticut, donde Vaca fue superior suyo (ese campus está hoy a la venta). Vaca no lo recordaba, habiendo trabajado con tantos seminaristas antes de su partida a Rockville. “Álvaro dijo, ‘usted fue amable conmigo’, y recontó cómo, cuando se convirtió en el director general en 2004, su nombramiento fue una sorpresa. Yo le dije: ‘Bueno, Maciel te entrenó para el trabajo'”.

Vaca dijo que Corcuera insistió que su elección se dio de manera abierta, que no fue un dedazo de Maciel. Pero cuando Maciel se retiró en 2004 del cargo que había mantenido por décadas, el cardenal Ratzinger acababa de ordenar una investigación basada en el caso de 1998, que se había enlatado bajo la presión del entonces secretario de Estado Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, quien había recibido cuantiosos donativos de la Legión como reseñé en un artículo anterior en este mismo semanario.

Prosiguió Vaca: “Le pregunté a bocajarro si sabía de los abusos cometidos por Maciel. Lo negó. Le dije ‘sabías que le enviaba dinero a sus mujeres’, refiriéndome a Norma, la mujer de Madrid, y a su hija. Dijo: ‘Lo supe después de 2004’, pero no me dio una fecha específica y no lo presioné más”.

Luego de dejar hablar a Corcuera por cerca de una hora, Vaca recordó cómo Maciel lo había violado a él y a otros seminaristas décadas atrás, y cómo sacó a Maciel en 1957, un año antes de que naciera Corcuera, de una bañera en Tetuán, Marruecos, donde se estaba ahogando, perdido como estaba en la morfina. “Se sintió avergonzado”, dijo Vaca de Corcuera. “Colgó la cabeza, susurrando que me creía. Puso la cabeza entre sus manos”.

Corcuera le dijo a Vaca que los legionarios recientemente habían comenzado a circular su carta de 1976 denunciando a Maciel, y nombrando a las otras 20 víctimas. De ser cierto, eso marcaría una considerable diferencia con la estrategia seguida hasta el verano pasado, cuando dos sacerdotes legionarios le dijeron a este escritor que los seminaristas seguían siendo educados en la heroica vida de Maciel, aún después de saber de la existencia de su hija Norma.

“Acepto sus disculpas”, Vaca dice que le dijo a Corcuera, “pero ésta no es una solución”. Comentó que la Legión debía de proveer una “compensación honesta por todos los daños” a él y a las demás víctimas. Corcuera replicó que la Legión había formado un comité en Roma para explorar el punto, y preguntó qué sería una compensación justa. Vaca le dijo a Corcuera que mirara los pagos que habían hecho las diócesis estadunidenses a sus víctimas. “Le dije que por años la Legión me había calumniado. Que pensara en eso. Que pensara en una cifra. Yo no le iba a decir cuánto”.

El sitio de los Legionarios de Cristo comenzó a defender a Maciel y a atacar a sus acusadores luego de que el Hartford Courant publicara un reportaje crítico en 1997. El sacerdote legionario Owen Kearns, editor del National Catholic Register, propiedad de la Legión, denunció a las víctimas por su “conspiración orquestada para ensuciar el nombre del padre Maciel”. Entonces llamó a Vaca un hombre “arrogante, buscador de estatus, enfurecido y decepcionado por su desempeño profesional”, que había buscado obtener “más poder en la Legión”. Ese contenido fue retirado en 2006, después del veredicto vaticano mandando a Maciel al ostracismo. Kearns recientemente pidió disculpas a Gerald Renner y a este escritor por sus comentarios luego del reportaje del Hartford Courant, pero no citó a ninguna de las víctimas por su nombre.

Con una maestría en ciencias de la conducta por la Universidad de Long Island, Vaca era consejero de estudiantes discapacitados en la facultad de York, en la City University de Nueva York, en su cuarto año de un contrato de cinco, cuando fue despedido en 1999. “Pienso que no renovaron mi contrato por los ataques de la Legión sobre mi credibilidad y carácter”, dijo, aunque sus jefes alegaron recortes presupuestales. Apunta a Kearns citando que Vaca nunca tuvo el cargo de director territorial, lo que es falso y lo hirió profesionalmente.

Corcuera y Vaca se despidieron en términos cordiales, dijo, con la promesa del legionario de revisar el asunto de las compensaciones. Corcuera le pidió nombres y la información de contacto de otros hombres también abusados por Maciel. El profesor José Barba, quien inició el proceso canónico en 1998, dijo que Corcuera no había hecho el mínimo intento por contactarlo. Y añadió: “Mi percepción de él es pública y él sabe que no le creo ni confío en él”. Fair, el vocero de la orden, dijo que Corcuera se ha entrevistado en privado con algunas de las víctimas en México, “dejándoles a ellas el levantar la voz si quieren”.

AÑOS DE ABUSO
En el recuento de González, tenía 10 años cuando Maciel abusó sexualmente de Omar y de él en un viaje a Madrid en 1989, fotografiándolos en el proceso. “Papá me dijo que su tío lo masturbaba, y que ahora yo tenía qué masturbarlo. ¿Por qué le dices algo así a un niño?”.

Casi tenía 11 años cuando Maciel lo llevó a vivir con la familia irlandesa. Cuando en ese tiempo lo llamó para que fuera a encontrarse con él un fin de semana en Londres, extrañaba a su madre. “Comencé a llorar. Y dije: ‘te quiero ver'”. En Londres, “mi papá me llevó a caminar”.

Es en ese punto cuando comienza a llorar. “Sabía que esto pasaría”, dice, de sus emociones. Describe entonces una caminata por Londres donde Maciel compró unas revistas, lo llevó de regreso al hotel y le enseñó “pornografía dura” para excitarlo y luego abusar de él.

Luego de dos años en Dublín regresó a México. Otras vacaciones con su padre incluyeron a Omar. “Cuando estábamos de vacaciones, un abuso se convertía en otro y en otro. Todos los días que me quedé con papá, en todos los viajes, hubo abusos”. Dijo que Maciel contrató a prostitutos jóvenes en un viaje a las playas de Colombia; también, de acuerdo a González, tuvo encuentros sexuales con sus hijos en Florida y Nueva York. Los rituales que describía —de Maciel diciendo que le dolía la pierna, pidiendo a los chicos acariciarlo, luego masajearlo y luego más— hacen eco de los recuentos de las otras víctimas tempranas en el seminario, décadas antes del nacimiento de Raúl; de adolescentes en las enfermerías de las escuelas legionarias viendo cómo Maciel los llamaba para decirles que le dolía muchísimo el estómago, que lo masajearan, guiándolos al contacto genital diciendo que tenía permiso del papa Pío XII de desahogarse así sexualmente por su dolor.

Raúl dice amar a su padre, pero añade: “Tuve miedo toda mi vida. Mi papá me decía que donde trabajaba había gente realmente peligrosa”.

Cuando en 1997 la revista Contenido recogió los extractos del reportaje del Courant y puso a Maciel en la portada, González le llamó a su padre. “No soy yo”, negó Maciel. Pero le dijo que comprara todas las revistas. “Envió a un tipo con un sobre con dos mil dólares” que se usaron para comprar todas las copias posibles. “No lo confrontamos, estábamos en shock. Fue cuando supimos que la Congregación era muy poderosa”. Temían que, si hacían un escándalo, “nos desaparecerían”.

Para Raúl, conocer la verdadera identidad de su padre fue como “whoom… una explosión en el cerebro”. Al ser Blanca financieramente dependiente de Maciel, la familia rehusó confrontarlo. “Nueve años de abusos y yo estaba en shock”, dijo González. “Estaba furioso. Triste. Los abusos hacia mi hermano, eso fue algo muy fuerte”. Raúl pasó entonces a describir las violaciones a Omar en detalle.

En 1998, Raúl González entró en una depresión tan profunda que ni siquiera podía dormir. “Tu padre siempre dice: ve a misa. No fumes. No tomes. Y entonces ves que es un sacerdote”.

Maciel arregló un tratamiento psiquiátrico para Raúl en Madrid, pero con la intención de manipularlo, dice. González se quedó varios meses con Normita y la tía Norma. Ya de regreso con su otra familia, los recuerdos cariñosos de Roma le reforzaron el silencio alrededor del incesto. En las sesiones con el terapeuta no fue capaz de revelar lo que el padre-Padre había hecho, expresando más bien su miedo a la homosexualidad. El psiquiatra, dice, le aseguró: “Tú no eres homosexual. Esto pasará”, y le prescribió antidepresivos que González tomó por años, luego, al cuidado de un doctor mexicano, siguió tomandolos hasta que se sintió demasiado narcotizado.

Años después viajaría con Maciel a Barcelona, finalmente resistiéndose a los acosos sexuales. En ese punto, Maciel perdió interés por él.

La última vez que González vio a su padre fue en el año 2000, aunque seguían comunicándose por teléfono de manera intermitente. En una de esas ocasiones, en el 2003, Maciel le dijo que tenía para él fondos en un banco suizo. “Me dijo que su voluntad era darme seis millones de dólares, y que el fideicomiso estaría en Suiza”.

En 2004, cuando por órdenes de Ratzinger la investigación vaticana enlatada por años por Juan Pablo II y el cardenal Sodano comenzó, la familia en Cuernavaca tuvo cada vez menos contacto con Maciel. Éste pagó por los estudios universitarios de Raúl en Puebla, pero la manutención del hogar comenzó a espaciarse. Según González, Maciel habría comprado algunas pequeñas propiedades comerciales para darle a Blanca ciertos ingresos. Supieron de la muerte de su padre en 2008, por las noticias. Él y Omar “comenzamos a llorar. Es normal, era nuestro padre. En ese momento los abusos se quedan a un lado y te concentras en la pérdida del padre. ¿Por qué lo hizo? Sí, ya no me lo puede decir, pero sé que puede oírme. ¿Por qué los abusos?”.

Luego de que en el 2009 se hiciera pública la existencia de Normita y, con ella, desde Madrid, los reportes de la seguridad financiera dada a la otra familia, la familia de México buscó compensación. González dijo que contactó a la Legión en 2003 buscando confirmación de la existencia del fideicomiso pero sin recibir respuesta. Maciel, dice, le comentó que “el señor Álvaro Corcuera o el señor Marcelino de Andreas se encargarían de nosotros luego de su muerte”. Llamó a la sede de la Legión en la Ciudad de México, dejando mensajes para ambos, sin respuesta.

EL INVESTIGADOR
El pasado otoño, dice González, él y su familia tuvieron dos encuentros con el obispo Ricardo Watty, el visitador o investigador vaticano de los legionarios en México. Él y Omar “le dieron a Ricardo Watty cartas para el papa Ratzinger”, y pidieron encontrarse con el secretario de Estado Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, sin éxito. En su primer encuentro con Watty le pidieron a su madre que saliera del cuarto mientras le narraban los abusos. Watty “estuvo bien, es una buena persona. Demostró que realmente sentía pena por lo que nos pasó”. Aunque no recibieron respuesta del Papa, Watty les arregló un encuentro con el legionario Carlos Skertchly, de la Universidad Anáhuac en la Ciudad de México. Una larga serie de encuentros tortuosos se sucedieron, donde González afirma haberle entregado documentos probando la relación y la intención de Maciel de dejarles los fondos.

El tres de marzo, el abogado José Bonilla reveló que el fideicomiso supuestamente montado por Maciel para los hermanos estaba vacío. La Legión le dio a Raúl una copia de éste diciéndole que lo había retirado Normita, la otra hija, en España, de acuerdo a Bonilla. El día después de la entrevista de la familia González con Carmen Aristegui, la Legión hizo pública una declaración sobre los encuentros de Skertchly con González, diciendo que la orden había rechazado una petición de 26 millones de dólares a cambio de silencio. Bonilla se retiró como abogado de la familia citando desavenencias éticas al pedir su cliente dinero a cambio de silencio. En la entrevista del siete de mayo, González señaló a Bonilla por mal aconsejarlo en la negociación: la exigencia financiera que le hizo a Skertchly, dijo, era por los seis millones que Maciel le prometió inicialmente y por 10 más para cada uno, Omar y él, por el incesto.

Si la intención de Watty al poner a dialogar directamente a Raúl González con la Legión fue la de lograr una reconciliación, el tiro no sólo le salió por la culata: los medios reportaron a Raúl González como un oportunista tratando de exprimir a una orden religiosa que es toda una institución en el país. Ningún abogado estadunidense hubiera dejado a su cliente negociar por sí mismo, aunque el mediador fuera un obispo.

En el siguiente fragmento de la entrevista del siete de mayo, González pareció genuinamente sorprendido por la primera pregunta: “Entonces les pediste 26 millones de dólares. Eso es mucho dinero”.

“¿Tú crees? ¿Por abuso sexual?”. “Yo creo que mucha gente lo pensaría así”.

“Puedes llorar, y los de la Iglesia pueden llorar todo lo que quieran. El papa Benedicto lloró cuando fue a Malta. Pero las lágrimas se secan. Se secan. Pero el corazón y el alma quedan afectados para toda la vida. El dolor que sientes. La rabia dentro de tu alma. (Maciel) se robó mi alma. Soy el alma que empuja a mi hermano. Quiero ayudarle. Aunque me muera, quiero ayudar a mi hermano. El papa Benedicto en 2006 mandó a mi padre, a mi papá o a Marcial Maciel al retiro. A la oración. ¿Por qué no lo envió a la cárcel?

Benedicto trata de limpiar. Hace meses dijo que va a buscar a más víctimas. Ok. A lo mejor no es su trabajo específicamente —es de la Legión— pero el Papa tiene qué decirles que comiencen a hacer algo. Seis millones de dólares es mi herencia, la que mi papá nos prometió. Y quiero hacerte una pregunta. Si te ofrezco 10 millones de dólares, ¿dejarías que te violaran durante los siguientes nueve años?”.

* Jason Berry es autor y productor de un documental sobre Maciel llamado Votos de silencio. El fondo del Nation Institute apoyó la investigación de este reportaje.

Milenio

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