Al cumplirse 70 años de los Legionarios de Cristo, el periodista que hizo públicos los abusos de Maciel vuelve sobre la orden para analizar el papel de Juan Pablo II y de Ratzinger en los hechos, así como la reforma de la congregación.

Jason Berry

El pasado verano la decisión del papa Benedicto XVI de tomar el control de los Legionarios de Cristo fue un riesgo calculado. En una decreciente crisis de abusos sacerdotales el Papa eligió a un supervisor para reconstruir una orden religiosa internacional edificada sobre el “carisma” de un fundador que abusó sexualmente de sus seminaristas y que procreó hijos, incluyendo a dos que lo acusan de incesto.

Benedicto XVI durante la designación de Velasio de Paolis y otros 24 prelados como nuevos cardenales el 20 de noviembre de 2010. Foto: AFP

Marcial Maciel Degollado es hoy el chivo expiatorio de todos aquellos inmersos en el embrollo legal que dejó: la Legión y su brazo laico, el Regnum Christi; el Papa; oficiales vaticanos y patrocinadores de alto perfil que en el pasado defendieron a Maciel a capa y espada contra las primeras acusaciones de abuso.

El mes pasado el Vaticano ordenó descolgar las fotos de Maciel de las instalaciones de la orden y prohibió la venta de sus textos, entre otras restricciones. De cualquier modo, intentar derruir la memoria de Maciel como si fuera estatua de dictador caído es muy poco para responder a las serias dudas que deja su vida llena de engaños.

La historia continuará en 2011. Pero entretejida con ésta hay una mayor: la de cómo los oficiales de la Iglesia reaccionaron ante el escándalo, las decisiones que tomaron y lo que éstas dicen de su visión de la institución y su misión última. Ayuda el hacernos algunas preguntas: ¿por qué se dio este escándalo? ¿Cómo fue que Juan Pablo II, el Papa que mostró una brillante perspectiva moral de cara al comunismo soviético, ignoró las acusaciones de pedofilia que persiguieron a Maciel por décadas? ¿Por qué siguió alabándolo seis años después de que ex legionarios iniciaran en 1998 un caso canónico ante la Congregación de la Doctrina de la Fe dirigida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger? ¿Cómo fue que los seguidores de Maciel desestimaron tan fácilmente las acusaciones de tantos acusadores creíbles? Si consideramos la extraña historia de la orden que ahora ha salido a la luz, ¿es realista el intento del Papa por reformar la orden?

Ricardo Watty Urquidi, obispo de Tepic. Foto: Octavio Hoyos

Para Benedicto XVI el asunto es urgente y riesgoso, y dependiendo de la forma cómo se contesten esas preguntas hay aún más en juego para Juan Pablo II y su legado. También la forma en que se desarrollará la historia y quién controle la narrativa influirán mucho en si Juan Pablo II sigue siendo visto como un héroe o como alguien cuyo pontificado fue manchado por un escándalo que vio la luz apenas cinco años después de su elección, pero que reconoció apenas en los últimos días de su papado.

Fue en 1983 cuando Juan Pablo II aprobó las leyes internas de la Legión que hicieron posible que Maciel se aislara de cualquier escrutinio: entre ellas estaban los “votos privados” por los que los legionarios prometían nunca criticar a su fundador o a sus superiores, y reportar a cualquiera que lo hiciese; asimismo, cinco meses antes de su muerte, Juan Pablo II aprobó los estatutos del Regnum Christi, que en algunas formas son tan extraños y controladores como los votos privados.

Benedicto XVI revocó los votos privados en 2007, luego de ordenarle a Maciel dejar el ministerio. Maciel murió en 2008. Una investigación vaticana al Regnum Christi, brazo laico de la orden que muchos describen como un culto, está en camino. Mientras el cardenal Velasio de Paolis, delegado papal y canonista, supervisa la hechura de las nuevas constituciones de la orden desde Roma, Benedicto parece apostar a que es mejor rescatar que desmantelar la orden, a pesar de sus muchos ex miembros desilusionados y las opiniones de seis obispos estadunidenses que desterraron a la orden de sus diócesis.

El Papa también empuja a la Legión a compensar económicamente a las víctimas de Maciel, especialmente a aquellas que por su edad ya no tienen el beneficio del recurso legal, lo que marca una diferencia sustancial del histórico desinterés vaticano por la ley. El Vaticano como institución no tiene mecanismos para otorgar compensaciones; pero, en esencia, el Papa empuja a la Legión como lo haría un juez que trata de lograr un acuerdo entre las partes en pugna.

El fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Foto: Especial

El obispo de Tepic, Ricardo Watty Urquidi, uno de los cinco visitadores originales, dijo a la prensa el pasado 18 de mayo: “Necesitamos hacernos cargo de las víctimas (de Maciel) internas y externas a la Legión, y compensarlas por sus sufrimientos. Es algo que acordamos hacer, y que el Papa aceptó, como lo ha venido haciendo, de manera valerosa”.

El Papa ha marcado un abordaje pastoral para los 800 sacerdotes de la Legión, sus dos mil 500 seminaristas y los 60 mil miembros del Regnum Christi. Acusó a Maciel de haber llevado una vida “torcida” en Luz del Mundo: El Papa, la Iglesia y los Tiempos, un nuevo libro-entrevista con el periodista alemán Peter Seewald. Al mismo tiempo, Benedicto XVI alabó el “dinamismo y fuerza con que (Maciel) construyó a los legionarios”. Dijo a Seewald: “Naturalmente hay que hacer ajustes, pero en general la congregación está fuerte”.

Ciertamente lo está. En Roma significa dinero y ortodoxia. El campus de su universidad, Regina Apostolorum, da a los nuevos obispos una residencia, la Mater Ecclesia, para su entrenamiento inicial. “Las instalaciones son espectaculares y los legionarios son extraordinarios anfitriones”, escribe el obispo de Trenton, Nueva Jersey, David M. O’Connell, en un comunicado en línea del 13 de septiembre pasado. “Las comidas están bien preparadas y servidas por miembros de la comunidad que han demostrado un enorme talento para anticipar cualquier necesidad”. Lo que O’Connell describe es un rasgo típicamente legionario: la suprema atención a los poderosos de la Iglesia.

De Paolis tiene en Roma un equipo de canonistas y legionarios encargados de redactar nuevas constituciones para la orden. Mientras tanto, en Connecticut, la Legión enfrenta demandas de uno de los hijos de Maciel, supuesta víctima de incesto, y en Rhode Island por parte de una mujer que pelea la herencia de su tía, Gabrielle Mee, integrante del Regnum Christi que murió antes de saber que Maciel había tenido hijos. Los Mee declaran que el patrocinio dado a la orden fue de cerca de 7.5 millones de dólares, según el diario Hartford Courant. Ambas demandas buscan compensaciones económicas bajo la premisa de que jerarcas legionarios bien sabían de la doble vida de Maciel y nada hicieron.

David M. O’Connell, obispo de Trenton. Foto: Ed Pfueller/ Trenton Diocesel

ZORROS QUE CUIDAN EL GALLINERO
Cinco días antes de la declaración de Watty en México, el director general de la Legión, Álvaro Corcuera, buscó el perdón de Juan Vaca, una de las más antiguas víctimas de Maciel, quien siendo un joven sacerdote le pidió al Vaticano desenmascarar al fundador de la organización. Corcuera dijo a Vaca que los legionarios en Roma leyeron una carta que él había enviado al papa Paulo VI donde identificaba a otras 20 víctimas de abuso sexual —Vaca envió el documento dos veces más al Vaticano. Corcuera también le expresó que un comité de la Legión en Roma consideraba indemnizarlo. “Desgraciadamente, abordamos estos casos muy poco y muy tarde”, Benedicto reconoció frente a Seewald, y añadió: “Estaban muy bien escondidos y apenas en el 2000 tuvimos pistas concretas”.

No queda claro por qué el Papa cita el 2000, si el archivo de Vaca sobre Maciel —donde también pedía dispensa de sus votos sacerdotales— llegó al Vaticano desde su obispado en Rockville Centre, Nueva York, en 1990. La oficina de Ratzinger aprobó la dispensa en 1993, pero ignoró las acusaciones de abuso. De cualquier modo, que el Papa haya reconocido haber tenido una respuesta escasa y lenta es una rara admisión de fallas sistémicas al investigar el caso Maciel.

Por otro lado, varios de los sacerdotes del comité de De Paolis dedicado a reescribir las constituciones de la Legión fueron figuras estratégicas en la vida de Maciel. El irlandés Anthony Bannon dirigió al Regnum Christi en Estados Unidos por muchos años desde Cheshire, Connecticut, donde los miembros de ese movimiento discutían las cartas de Maciel en círculos de estudio; además, la recaudación y el reclutamiento agresivos eran centrales. Pequeños grupos de mujeres célibes, consagradas, se encargaban de las escuelas. Figura central en la demanda desde Rhode Island, Bannon fue el arquitecto del sistema de recaudación de los legionarios y de la defensa por internet contra las primeras víctimas de Maciel. El aparato que montó recalcó el heroísmo del fundador para inspirar a nuevos seminaristas, quienes, a su vez, acompañaban a sacerdotes experimentados en sus visitas a patrocinadores. Su presencia entre los cinco del grupo redactor de De Paolis es como si un zorro cuidara el gallinero.

Ordenación de sacerdotes legionarios en Roma. Foto: Especial

Otros sacerdotes legionarios incluidos en la comisión son: Roberto Aspe Hinojosa, mexicano y uno de los más tempranos y cercanos seguidores de Maciel, de acuerdo a lo escrito por Sandro Magister en L’Espresso; el español José García Sentandreu supervisaba el trabajo apostólico de la Legión, mientras que Gabriel Sotres fue su jefe de comunicación por dos décadas. Que De Paolis espere un buen balance ético de la reforma de la Legión a cargo de estos hombres dificulta su credibilidad.

El 12 de septiembre, Vaca le envió un correo electrónico a De Paolis en el que afirmaba que, por declaraciones dadas en 1997 a la investigación del Hartford Courant sobre Maciel, la Legión trató de “destruir mi reputación profesional con declaraciones falsas dadas al National Catholic Register (NCR) —el semanario de la Legión— y al sitio de red de la comunidad legionaria, LegionaryFacts.org”.

Tras la historia publicada en el Courant, el sacerdote legionario Owen Kearns, editor del NCR, y Bannon escribieron: “Vaca busca venganza porque fue incompetente en su trabajo y lo están despidiendo. Vaca es un anciano resentido que instiga una campaña de mentiras y calumnias contra nuestro querido e inocente fundador”. El comentario apareció en NCR, en LegionaryFacts.org y en el sitio de la Legión.

Recientemente, a través del NCR Kearns se disculpó con el Courant y con el finado Gerald Renner —quien realizó la historia original sobre la Legión para el Courant junto con quien esto escribe—, además de que mencionó de pasada a víctimas sin nombre.

Foto: Especial

EL MOVIMIENTO
El Regnum Christi, la otra parte de lo que Maciel llamaba “El Movimiento”, dice en su sitio de internet que no es un culto porque éstos no son aprobados por la Iglesia católica. ¿Entendió Juan Pablo II lo que era el Regnum Christi? Es difícil imaginarlo, dada la decisión de Benedicto XVI de abrirle una investigación. ¿Es un culto? ¿Son algunas de sus prácticas un lavado de cerebro? Estas preguntas corroen a Genevieve Kineke, una católica ortodoxa, esposa y madre de cuatro hijos en East Greenwich, Rhode Island, quien ha hecho la crónica del movimiento con disciplina académica en su blog. Kineke es una de varias mujeres que dejaron el Regnum Christi por prácticas que consideraron engañosas, y formaron un grupo para ayudar a otros que quieran abandonar el movimiento.

El Regnum Christi cultiva a parejas ricas, particularmente en las que hay madres que se quedan en casa, y busca mujeres que se consagren al celibato para vivir como religiosas y trabajar en las escuelas de la Legión. “Cuando la gente deja el movimiento cercena familias, amistades y parroquias”, dice Kineke, quien en los últimos 10 años ha fungido como consejera no oficial para cerca de 200 personas. “Algunos están tan dañados espiritualmente que encuentran muy difícil confiar del todo en la Iglesia, ya que la manipulación ha sido demasiado traumática”.

Otra ex integrante del Regnum Christi, quien pidió el anonimato, lidió una campaña solitaria con el arzobispo de Baltimore, Edwin O’Brien, quien después desterró a la Legión y al Regnum Christi de su diócesis. “Siempre sospeché que las fallas de la organización eran endémicas”, dijo O’Brien a John L. Allen, del NCR, en 2008. “No tiene remedio porque están tan profundamente arraigadas”. Prelados en Minneapolis-Saint Paul, Minnesota; Columbus, Ohio; Los Ángeles, California; Miami, Florida; Fort Wayne, Indiana; Baton Rouge, Luisiana, y Richmond, Virginia, también han prohibido a la orden trabajar en sus diócesis.

Foto: Especial

En las casas de las consagradas del Regnum Christi el día comienza cuando una de ellas entra a los dormitorios a las 5:20 de la mañana, y dice: “Cristo nuestro rey”, ante lo cual las demás saltan de la cama y contestan: “¡Venga tu Reino!”. “Me tomó mucho tiempo concluir que sí era un culto”, dice Kineke, “hasta que entendí que el movimiento suprime por entero la verdadera naturaleza de la libertad. Todo, desde la postura y la apariencia hasta la retórica, tiene su guión. El movimiento usa espejismos y engaños para sugerir la disciplina de los conventos y seminarios de antaño, pero en realidad Maciel produjo una cultura que erradicaba las más básicas libertades. Viven de la eficiencia, de alcanzar cuotas y cubrir agendas como en una industria dura. Todos leen el libro de Stephen Covey Los siete hábitos de las personas altamente efectivas. ‘El tiempo es reino’ era el evangelio de Maciel, lo que significa que siempre debes trabajar con urgencia por el movimiento. A las mujeres que no necesitaban un trabajo les hacían sentir que el Reino dependía de ellas”.

El blog de Kineke, Life-after-RC.com, es una de las principales referencias de regainnetwork.org, administrado por Paul Lennon, un terapeuta familiar de Alexandria, Virginia. Lennon dejó la Legión y el sacerdocio en los años ochenta luego de disgustarse con Maciel por sus conductas dictatoriales. En 2007 la Legión demandó a Lennon y a ReGAIN, alegando robo de propiedad intelectual por haber publicado allí las constituciones de la orden. El verdadero objetivo eran los centros de mensajes y chats de ReGAIN’s, que se habían convertido en un aterrizaje seguro para quienes dejaban el Regnum y querían compartir información. Ante la imposibilidad de recaudar dinero para un pleito legal tan largo, Lennon desmanteló los chats y borró las constituciones. Maciel murió a los pocos meses y en menos de dos años el mundo sabía de sus hijos y de sus actos.

El 30 de noviembre de 2004, en una celebración con Maciel en el Vaticano, Juan Pablo II alabó al Regnum Christi por fomentar una “civilización basada en la justicia cristiana y el amor”, y aprobó sus estatutos. Entre éstos:

103.- El reclutamiento se da por etapas, yendo exitosamente de la amabilidad a la amistad, de la amistad a la confianza, de la confianza a la convicción y de la convicción a la sumisión.

494.- Nadie debe visitar personas externas en sus casas, tratarlos con frecuencia o hablar con ellos por teléfono sin razones justificables o para lograr objetivos apostólicos.

509.- El director o administrador del centro debe revisar toda correspondencia de los demás miembros y liberar sólo aquella que juzgue oportuna.

Una visita apostólica o investigación vaticana del Regnum Christi acaba de comenzar. “Por ende, cualquier cambio, de necesitarse, a los estatutos del Regnum Christi vendrá hasta después”, dijo el vocero de la Legión, Jim Fair.

El arzobispo Edwin F. O’Brien. Foto: Owen Sweeney III/ Catholic Review

UN MULADAR
La conflictiva visión de Juan Pablo II acerca de la crisis de los abusos sexuales quedó registrada en su discurso de abril de 2002, que dirigió desde el Palacio Apostólico a los cardenales estadunidenses. Afirmó que el abuso sexual de jovencitos era “ciertamente considerado un crimen por la sociedad” y un “espantoso pecado a los ojos de Dios”, y dijo: “A las víctimas y a sus familias, donde quiera que estén, expreso mi más profunda solidaridad y preocupación”. Luego pasó a defender a los obispos por “una ignorancia generalizada” y por tomar “el consejo de los expertos”, lo que quería decir los terapeutas de los centros de tratamiento a donde los obispos enviaban a los sacerdotes ofensores. Luego, al referirse a éstos, dijo: “No podemos olvidar el poder de la conversión cristiana, esa decisión radical de dejar el pecado y volver a Dios”. Declaró también: “La gente debe saber que no hay sitio en el sacerdocio para aquellos que dañan a los jóvenes”.

¿Qué fue lo que dijo Juan Pablo II? ¿Habló del “poder de la conversión” para los sacerdotes pedófilos o de que “no hay sitio en el sacerdocio” para ellos? ¿Conversión o exclusión? En la peor crisis de la Iglesia en siglos, Juan Pablo II demostró ambigüedad, no certeza.

Benedicto XVI heredó un muladar de su antecesor. La indiferencia de Ratzinger como cardenal encargado de casos serios en los años ochenta, recientemente relatados en la prensa europea, en The New York Times y en Associated Press, subraya tanto la falta de liderazgo de Juan Pablo II como otros factores sistémicos: el sistema monárquico del Vaticano no tiene separación de poderes ni sistema judicial. Benedicto XVI, en teoría, tiene el poder de remover, castigar o señalar a cardenales, pero eso violaría las reglas no escritas de la jerarquía.

Mientras De Paolis comenzó a hacer cambios de personal en la orden, los intentos de Benedicto por alcanzar una reforma que levante su imagen desde los escándalos del año pasado parecen depender de que aquel pueda adueñarse de las finanzas de la Legión para establecer un plan de compensaciones para las víctimas. Esto sería una hazaña histórica y señal de un liderazgo papal visionario; los jueces de las democracias del mundo supervisan acuerdos y negociaciones judiciales todo el tiempo. No así, bajo el derecho canónico, los tribunales vaticanos.

Lo importante es saber si, efectivamente, la Santa Sede tiene el control de la Legión y, en caso de ser así, qué tanto busca cambiar el Papa a esa orden.

El 11 de noviembre De Paolis le respondió a Vaca: “He recibido su correo electrónico fechado el tres de noviembre de 2010. Disculpe mi retraso en contestarle pero tengo un sinfín de compromisos que atender. En cuanto a su caso, me parece que la única solución es dirigirse a los responsables de la Congregación de los Legionarios de Cristo. Dios lo bendiga”.

 

Milenio Semanal
10 de enero 2011

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