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Al cumplirse 70 años de los Legionarios de Cristo, el periodista que hizo públicos los abusos de Maciel vuelve sobre la orden para analizar el papel de Juan Pablo II y de Ratzinger en los hechos, así como la reforma de la congregación.

Jason Berry

El pasado verano la decisión del papa Benedicto XVI de tomar el control de los Legionarios de Cristo fue un riesgo calculado. En una decreciente crisis de abusos sacerdotales el Papa eligió a un supervisor para reconstruir una orden religiosa internacional edificada sobre el “carisma” de un fundador que abusó sexualmente de sus seminaristas y que procreó hijos, incluyendo a dos que lo acusan de incesto.

Benedicto XVI durante la designación de Velasio de Paolis y otros 24 prelados como nuevos cardenales el 20 de noviembre de 2010. Foto: AFP

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LEER PARTE 1

La estructura financiera del sacerdote involucraba millonarios sobornos a jerarcas católicos, además de fraudes y donaciones sospechosas; el dinero fue la llave que le abrió las puertas del cielo vaticano.

Jason Berry

Roma, en 1946, luego de la Segunda Guerra Mundial y de la caída de Mussolini, estaba en ruinas cuando allí llegó un joven y desconocido sacerdote, con mucho dinero para gastar, buscando citas con los altos oficiales del Vaticano. El vástago de una familia mexicana de la aristocracia provinciana, Marcial Maciel, tenía apenas dos años de ser sacerdote, pero cuando fue ordenado ya era líder de su propia orden religiosa.

Foto: Filippo Monteforte/ AFP

Maciel llegó a Roma vía Madrid, donde buscó las becas de estudio que el gobierno de Franco otorgaba a los seminaristas de países latinoamericanos. El Premier español, Alberto Martín Artajo, le dijo que necesitaba el visto bueno del Vaticano para que sus jovencitos fueran recibidos en España. Amparado por los fondos otorgados por varias de las más ricas familias mexicanas y por su presidente, Miguel Alemán Valdés, consiguió una cita con Clemente Micara, un nuevo cardenal y veterano diplomático papal. El cardenal Micara, de 67 años, estaba obsesionado con reconstruir Roma. Maciel, delgado y alto, de cabello castaño claro y ojos azules, no hablaba italiano, pero Micara hablaba español. Maciel le dio a Micara 10 mil dólares, una suma enorme en una ciudad en ruinas.

La Legión de Cristo: una historia, dictado por Maciel y publicado por la Legión en 2004, no menciona el pago a Micara, pero sí dice que viajaba con “documentos confidenciales y dinero” del Nuncio mexicano para entregarle al cardenal Nicola Canali, gobernador de la Ciudad Estado vaticana. Ambos cardenales ayudaron a Maciel a conseguir una audiencia con el Papa Pío XII, quien simpatizó con la obra. Maciel volvió a Madrid con la aprobación necesaria y en agosto de 1946, él y 34 niños mexicanos viajaron a España. La pregunta es ¿por qué el Vaticano con canales propios de mensajería confiaría documentos secretos a un sacerdote sin pasaporte diplomático? La otra parte de esa historia, el dinero, sería un vistazo al futuro por venir.

Maciel habría entregado 10 mil dólares al cardenal Clemente Micara (izq.) para abrir asi las puertas del Vaticano. Foto: Dmitri Kessel/ AFP

Esos primeros seminaristas y víctimas tempranas dirían años más tarde a a Gerald Renner y a quien esto escribe en un reportaje publicado por The Hartford Courant que vieron a Maciel inyectarse un derivado de morfina llamado dolantina. En 1956, un desquiciado Maciel ingresaría al hospital romano Salvator Mundi. El cardenal Valerio Valeri, prefecto para la Congregación de las Órdenes Religiosas, estaba furioso y preocupado por reportes de cómo Maciel se inyectaba y por su fascinación por los jovencitos. Valeri suspendió a Maciel e hizo que sacerdotes carmelitas tomaran el control de la orden y las casas; comenzaron a investigar a los jovencitos que, años más tarde, admitirían que mintieron para proteger al fundador y a sí mismos: “No sabíamos qué hacer”, dijo Vaca, hoy profesor de psicología en Nueva York. “Nuestras vidas podían terminar”; temían que los investigadores los calificaran de pecadores.

Pero no se hizo pública la suspensión de Maciel, quien viajó por España y Latinoamérica recolectando fondos para un gran proyecto en Roma: la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, cuya primera piedra fue bendecida por Micara. Cuando en 1959 murió Pío XII, Micara, entonces vicario de Roma, firmó una orden reinstalando a Maciel; algo que en el tiempo muerto entre Papas no tenía autoridad para hacer ya que la ley canónica congela las determinaciones oficiales en esos intervalos. ¿Qué podían hacer Valeri y otros ofendidos por Maciel? ¿Gastar su capital político con el nuevo Papa retando a Micara sobre un sacerdote toxicómano y aficionado a los niños, pero que podía conseguir el dinero suficiente para construir una basílica? Maciel fue entonces redimido por una orden ilegal de un cardenal a quien le había entregado 10 mil dólares 13 años antes: Micara quería infraestructura y Maciel tenía el dinero.

El cardenal Valeri suspendió a Maciel por drogadicto Foto: Dmitri Kessel/ AFP

VIUDAS CON DINERO
La estrategia financiera de Maciel se concentró en las mujeres de hombres adinerados. Flora Barragán, viuda de un industrial de Monterrey, fue crucial: luego de su muerte, su hija le confesó a José Barba que 50 millones de dólares de su madre habían ido a parar a las arcas de la Legión, tras lo cual ella fue abandonada. Barba, maestro del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), abrió el caso canónico contra Maciel en 1998; entró en la orden en 1948, a los 11 años, dejándola en 1962, y en entrevista del cuatro de marzo en la Ciudad de México dijo que “Maciel tenía la costumbre de comprar en efectivo. Tenía 27 cuando compró su primer seminario. En 1950 comenzó a construir el Instituto Cumbres con dinero que Flora le regaló. Ese verano también inauguró el Collegio Massimo en Roma. Tenía 30 años. En 1953 quiso construir un colegio en Salamanca, España; yo estuve allí, pero el obispo estaba enfermo y no pudo poner la primera piedra, así que los trabajos comenzaron en 1954, cuando Maciel compró también para otro seminario el viejo spa de Ontenada con todo y su lago. Todo en efectivo. El padre Gregorio López, sacerdote legionario, me dijo que entregaba el dinero envuelto en papel delgado a Leopoldo Corínez, representante de los hermanos que vendieron una de las últimas propiedades de esa familia. No sé la cantidad exacta”. Luego de 1958 las construcciones de Salamanca se hicieron por la generosidad de Josefita Pérez Jiménez, hija de un ex dictador venezolano.

Pero sin duda fue en Monterrey donde Maciel cosechó de manera más que generosa. Tan pronto como en los años cincuenta, la familia Sada le regaló un Chevrolet de lujo para que lo usara en Roma; Maciel pronto abrió en Monterrey sus escuelas privadas, una para niños y otra para niñas, exportando hacia América su modelo escolar diseñado para atraer familias adineradas que luego entrarían al Regnum Christi, “el Movimiento”, donde además de colectar agresivamente recursos económicos se organizaban grupos de estudio para discutir las cartas y discursos de Maciel.

El escándalo, sin embargo, se desató en la Ciudad de México, y el catalizador de la saga legal y la cobertura mediática es el abogado José Bonilla, quien en 2006 demandó a la Legión por el abuso sexual infligido a su hijo de cinco años por un maestro de la escuela legionaria Oxford: el niño le dijo a su mamá que un maestro había mordido su pene. Luego de buscar ayuda médica, la madre, Lisett Aldrete, fue a hablar con la directora, quien los ignoró, por lo que levantaron una denuncia contra Joaquín Francisco Mondragón Rebello, hoy fugitivo de la justicia. Pero la familia Bonilla, en un hecho sin precedentes, ganó el caso civil y compensación económica contra la Legión. Sentado en una salita soleada, habla con ternura de su hijo, el más pequeño de cinco. Su blog, http://www.conlajusticia.com, es una radiografía de la orden. “El blog”, dice, “es como Raúl me encontró”.

Flora Barragán, una de las millonarias donadoras, con Maciel y el Papa Paulo VI. Foto: Especial

Raúl González Lara Rivas, 29, el segundo de los hijos de Maciel en México, le pidió ayuda legal a Bonilla. Sacerdotes de la Universidad Anáhuac, establecimiento insignia de la Legión en la Ciudad de México, guiaron a Raúl a un fideicomiso que supuestamente Maciel armó para la familia, pero estaba vacío, dijo Bonilla, añadiendo que “la Legión le dio a Raúl la copia de un fideicomiso que supuestamente había sido retirado por Norma (la otra hija en España)”; el abogado cree que los oficiales legionarios trataron de hacer que los medios hermanos se pelearan por la herencia. Mientras la orden juega al ajedrez financiero con Raúl, su petición de compensación por los abusos sexuales que supuestamente sufrió a manos de su padre se ha convertido en un asunto vaticano. En noviembre Bonilla y la familia se encontraron con Ricardo Watty, el visitador mexicano en la investigación sobre la Legión. “Me he visto dos veces con Watty”, dijo Bonilla. “Estaba muy preocupado porque los hijos no tuvieron apoyo. Trató de juntar a las partes para resolver esto; me pareció que tenía instrucciones del Papa o de Bertone (secretario de Estado Vaticano) para arreglar el problema”.

SODANO, EL PROTECTOR DESDE ROMA
Pieza fundamental para cimentar el legado de Maciel en Roma es la universidad Pontificia Atheneaum Regina Apostolorum, y el cardenal Sodano fue central en el crecimiento de ésta y de la Legión: Maciel y Sodano se hicieron amigos en el Chile de los años ochenta, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Allí la orden necesitaba para instalarse el permiso del cardenal primado Raúl Silva Henríquez, pero éste tenía una tensa relación con Sodano, entonces Nuncio papal en Chile; Silva se atormentaba por las desapariciones y la tortura características del régimen y Sodano defendía a Pinochet por todos los medios. Además, un grupo importante de obispos chilenos le imploraba a Silva que no admitiera a la Legión, precedida por el mote de Los millonarios de Cristo por su agresividad para colectar dinero. “En una sociedad tan polarizada como Chile”, escriben Andrea Insunza y Javier Ortega en su libro sobre la orden en Chile, “los legionarios encontraron un aliado: el Nuncio apostólico Angelo Sodano”. Al final, Silva capituló ante la presión de Sodano.

José Bonilla ganó su demanda contra la Legión por el abuso sobre su hijo. Foto: René Soto

Años después, en 1989, Sodano, antes de ser nombrado secretario de Estado en el Vaticano, enseñaba inglés en un centro de la Legión en Dublín y tomaba vacaciones en una villa del sur de Italia cortesía de la orden. Siempre huésped de honor en cenas y banquetes de los Legionarios, Sodano se volvió el más fuerte apoyo de Maciel. Glenn Favreau, un abogado de Washington y ex legionario estacionado en Roma, dijo que “Sodano intervenía con oficiales italianos para obtener permisos de rezonificación para construir la universidad” en un plano boscoso del oeste de Roma. Maciel contrataría al sobrino de Sodano como ingeniero consultor de la construcción, pero los legionarios supervisores del proyecto se quejaron con Maciel que el trabajo de Andrea Sodano era lento y malo, y no querían pagarle sus recibos. Hasta que Maciel les gritó: “¡Páguenle, páguenle! ¡Ustedes páguenle!”. Y pagaron. Como uno de los sacerdotes informantes le dijo a este reportero: “¿Sabes que nepotismo viene de la palabra nipote, que es sobrino en italiano?”.

Pero el nepotismo de Sodano viene desde mucho antes. Andrea Sodano es visto como un co-conspirador no indiciado en un fraude de bienes raíces en Estados Unidos, según el agente del FBI que construyó el caso. En 2008 un empresario italiano llamado Rafaello Follieri fue indiciado en Nueva York bajo los cargos de fraude y lavado de dinero en un negocio que llevaba propiedades y parroquias de la Iglesia abandonadas o en ruinas para su venta comercial. Andrea Sodano era el vicepresidente del grupo empresarial de Follieri, y el tío cardenal asistió a la apertura en 2004 de la oficina del grupo en Nueva York, como se recoge en reportes de prensa. National Catholic Reporter informó en marzo tres del 2006 que los folletos de la empresa presumían su “profundo compromiso con la Iglesia Católica y su añeja relación con veteranos miembros de la alta jerarquía vaticana”. Con ese respaldo la firma aseguró el financiamiento del billonario Ron Burkle y sus desarrollos Yucaipa, tras lo cual Follieri comenzó a gastar de inmediato inmensas sumas de dinero en su romance con la actriz Anne Hathaway. Al tiempo que la sociedad Follieri-Yucaipa buscaba propiedades para desarrollar, la oficina de Andrea Sodano en Asti, Italia, mandaba recibos que Raffaello pagaba por giro bancario.

En documentos obtenidos por el FBI se destaca que Sodano cobró 75 mil dólares el 22 de agosto del 2005 por “servicios de ingeniería; el 12 de septiembre 15 mil por trabajo en Atlantic City y luego 80 mil en Orland Park, en la arquidiócesis de Chicago; el 21 de octubre 70 mil en Canyon City (sin precisar en estado); otros 50 mil de nuevo por Orland Park y 75 mil por más “servicios de ingeniería” sin especificar, dando un gran total para ese día de 225 mil dólares. Ninguno de los archivos de una sola cuartilla tiene alguna referencia al trabajo realizado.

José Barba, uno de los ex seminaristas denunciantes de Maciel. Foto: René Soto

En las llamadas semanales con Burkle, Follieri escalaba las demandas de fondos para Sodano, insistiendo en que el Vaticano necesitaba los peritajes para dar la aprobación de la venta de sus propiedades. La sociedad Follieri-Yucaipa le pagó a Andrea Sodano más de 800 mil dólares, hasta que en marzo ocho el cardenal Sodano le envió una queja escrita a Follieri: “Siento es mi deber decirte lo molesto que estoy al escuchar que tu compañía sigue presentándose como una con vínculos con el Vaticano por el hecho de que mi sobrino, Andrea, ha consentido en ocasiones a brindarte sus servicios profesionales de consultoría. No entiendo cómo este molesto malentendido pudo ocurrir, pero es ‘necesario’ que ya no se presente en el futuro. Apelo a tu sensibilidad para que seas cuidadoso respecto a este tema. Le informaré de igual manera a mi sobrino Andrea como a todos los que me han preguntado sobre tu empresa. Te mando mis saludos”.

Cuatro meses después de la carta del cardenal, Raffaello y Andrea volaron a Brasil donde Follieri le entregó un cheque por 25 mil dólares al arzobispo de Salvador Bahía, y otros 85 mil al de Río de Janeiro. “Los beneficiarios de estas transacciones no sabían que Follieri robaba dinero para dárselos”, dice un memorando condenatorio sobre Follieri. En la primavera de 2007, Ron Burkle quiso ver de cerca los reportes de ingeniería de Andrea Sodano. Follieri hizo que un asistente se quedara toda la noche redactándolos y posfechándolos. “Los reportes estaban en italiano”, explica el agente del FBI Theodore Cacioppi. “Eran de entre dos a cinco páginas. Ninguno contenía planos, dibujos técnicos, diagramas, esquemas o nada relacionado a un peritaje de ingeniería”. Los reportes de Sodano eran “casi inútiles, no reflejaban trabajo de ingeniería alguno y con seguridad no valían 800 mil dólares”. El asunto es que mientras Andrea ordeñaba ese negocio, el cardenal Sodano —habiendo prestado su oficina para saludos y parabienes con inversionistas potenciales en la inauguración del grupo de Follieri— comenzó a retractarse: Raffaello Follieri había comenzado a presumirle a nuevos inversionistas que él era el jefe de finanzas del Vaticano.

El ex secretario de Estado Vaticano, cardenal Angelo Sodano, reconocido protector de Maciel e involucrado en sospechosos manejos financieros. Foto: Valentina Petrova/ AFP

Yucaipo demandó a Follieri por 1.3 millones de dólares. Follieri se apresuró a querer pagar pero fue indiciado. El 23 de octubre del 2008, se declaró culpable en 14 juicios de fraude, lavado de dinero y conspiración, y fue condenado a 54 meses en una prisión federal. “Creemos que Studio Sodano (el nombre corporativo de la compañía de Andrea) cobró dinero conseguido por fraude”, confirma el agente del FBI Ted Cacioppi.

Andrea Sodano estaba en la seguridad de su patria italiana cuando Follieri fue arrestado en Nueva York. El documento del gobierno que acusa al segundo de recibir los pagos también dice que el Vaticano recibió “donativos” del fraude, lo que levanta dudas sobre el buen juicio del cardenal Sodano. ¿Que lo impulsó a confiar en un estafador como Follieri? El memorando de condena elaborado por el Procurador General explica: “Follieri creaba la falsa impresión de que tenía ligas con el Vaticano, lo que le permitía conseguir propiedades de la Iglesia a precios de ganga a través de su relación con Andrea Sodano, el sobrino del entonces Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano (…) y haciendo donativos no autorizados al Vaticano con dinero de sus inversionistas. Follieri utilizó fondos de los inversionistas para pagarle al sobrino por servicios de ‘ingeniería’ que el sobrino nunca llevó a cabo para que el sobrino pudiera viajar con Follieri al visitar a oficiales vaticanos y así ayudarle a Follieri a obtener accesos en el Vaticano. Fue a través de estos conectes como Follieri pudo estar en las misas Papales y, entre muchos otros, obtener su foto con el papa (…) enseñarles los jardines privados del Vaticano a sus amigos y asociados y arreglar visitas privadas de museos vaticanos”.

El memorando continúa: “Follieri también falsamente manifestó que necesitaba arriba de 800 mil dólares para pagar los reportes de ingeniería preparados por el sobrino. Follieri argumentaba que el Vaticano necesitaba ver esos reportes antes de decidir si venderle o no las propiedades”.

Mientras Follieri encontró un amigo en Andrea Sodano, Maciel encontró otro en el tío de Andrea, el cardenal. Maciel tuvo otros problemas cuando construyó la universidad Regina Apostolorum. Quería el reconocimiento vaticano del más alto nivel, como academia pontificia completa, para que la recién llegada compitiera con las mucho más viejas e históricas Luterana y Gregoriana. Para asegurarse esa certificación, fuentes que pidieron el anonimato dijeron que la Legión en 1999 ofreció un Mercedes Benz al fallecido cardenal Pío Laghi, entonces prefecto de la Congregación para la Educación (y antiguo embajador vaticano ante Estados Unidos). Anonadado, Laghi rechazó la oferta, diciendo: “¡Esto es demasiado!”, según un sacerdote que presenció el intercambio. El sucesor de Laghi, el cardenal polaco Zenón Crocholewski, también les rehusó la certificación por lo cual el cardenal Sodano consiguió un estatus debajo del cotizado por Maciel y la Legión.

Maciel murió en un momento cuando su vida iba en caída libre. A fines del 2008 estaba en un hospital de Miami, de acuerdo a un reportaje del 31 de enero de 2010 de los reporteros Sota y Vidal del diario español El Mundo. Aunque el artículo es pródigo en adjetivos sobre el carácter de Maciel, detalla la crisis que le creó a sus sucesores: en el hospital se reunieron Álvaro Corcuera, Evaristo Sada y otros líderes legionarios. Se reporta que Maciel rehusó la confesión, y sus hombres se estremecieron cuando llegaron dos mujeres: Norma y Normita, la mujer y la hija, ésta de 23 años. Fue entonces cuando Maciel exclamó: “quiero quedarme con ellas”.

El empresario italiano Rafaello Follieri, asociado con Andrea Sodano, sobrino del cardenal, fue indiciado en 2008 por fraude y lavado de dinero . Foto: Jeremy Kost/ AP

El artículo continúa diciendo que los sacerdotes legionarios, alarmados por la actitud de Maciel, llamaron a Roma donde Luis Garza, vicario de la orden, supo que estaba ante un grave problema. Consultó con Corcuera y tomó el primer vuelo a Miami. Le dijo al fundador: “le doy dos horas para venir con nosotros o llamo a la prensa y el mundo entero se enterará de quién es usted”. Y Maciel capituló.

Los legionarios llevaron a Maciel a una casa en Jacksonville, Florida, donde peleó contra los Santos Óleos que intentaba administrarle Corcuera. El artículo dice que Maciel rehusó la confesión final, y afirma que “ya no creía en el perdón de Dios”. Una opinión congruente con la sórdida vida de Maciel pero de la cual no hay prueba alguna aunque, al anunciar el ascenso del fundador al cielo inmediatamente después de su muerte, el alto mando de la Legión llevó la propaganda religiosa a un nivel sin precedentes.

Luis Garza, en un correo electrónico de marzo 15 del 2010 en respuesta a la petición de comentarios para esta entrevista contestó: “entiendo que tendrá muchas preguntas. Pero, como dije en un correo anterior, en este punto con la situación como está no hay mucho que yo pueda añadir. Mis disculpas. Continuaré rezando por todos aquellos que sufrieron por las acciones de Maciel. Y espero que usted y sus lectores nos mantengan en sus oraciones. Rezo por usted y su misión como periodista”.

Jason Berry es el autor de No nos dejes caer en Tentación/ Lead Us Not into Temptation y coautor, con Gerald Renner, de Votos de Silencio/ Vows of Silence, documental que explora la saga del Vaticano y el padre Maciel. Una beca del fondo de The Nation Institute apoyó la investigación de este artículo.

http://www.jasonberryauthor.com

Milenio
18 de abril de 2010

En su tiempo, el padre Maciel fue el mayor recolector de dinero de la Iglesia Católica y figura magnética que reclutaba jovencitos para la vida religiosa. Pero también era un pederasta y un hombre que procreó hijos con varias mujeres. Su vida es un capítulo oscuro en la crisis de abusos sexuales por miembros del clero
Jason Berry
La saga del fundador en desgracia de Los Legionarios de Cristo, una orden opaca y sectaria hoy bajo investigación vaticana, sirve de telón para una historia más oscura de cómo las mentiras y la traición de un hombre deslumbraron a figuras claves de la Curia Romana, y de cómo el dinero de Maciel le ayudó a conseguir protección e influencias. Por años, los líderes de congregaciones vaticanas y el Papa mismo ignoraron múltiples advertencias de que algo estaba podrido en esa comunidad donde los legionarios le llamaban a su líder Nuestro Padre y lo consideraban un santo viviente. Hasta que se conoció su vida secreta.
Porque el carismático mexicano que en 1941 fundara Los Legionarios de Cristo envió ríos de dinero a los oficiales de la Curia Romana con fines muy calculados, según fuentes entrevistadas. Maciel compraba apoyos para su grupo y defensa para sí mismo, no fuera a ser que su vida secreta se descubriera: fue un morfinómano que abusó sexualmente de cuando menos 20 de sus seminaristas entre los años cuarenta y sesenta. El obispo Joseph McGann, de Rockville Centre en Long Island, Nueva York, envió una carta al Vaticano proveniente de un ex legionario con acusaciones muy detalladas en 1976, 1978 y 1989 por los canales oficiales. Nada pasó. Maciel comenzó a tener hijos en los años ochenta —tres de ellos con dos mujeres mexicanas, además de los reportes de una tercera familia de tres hijos en Suiza, según el periódico El Mundo de Madrid. Esto al tiempo que recogía una fortuna de donadores acaudalados y se congraciaba con oficiales de la Iglesia en Roma.
Cuando Maciel murió, el 30 de enero de 2008, los líderes de la Legión anunciaron que el fundador de 87 años estaba en el cielo. Sólo Dios sabe cuál fue el destino de Maciel. Pero el comunicado de la Legión queda como el último acto de decepción de una figura que crea caos aun desde la tumba: en febrero de 2009 los legionarios anunciaron la “sorpresa” de que Maciel tenía una hija. La semana pasada lanzaron otro comunicado ambiguo para pedir perdón a las víctimas de Maciel —cuatro años después de que Benedicto le prohibiera oficiar y lo enviara a “una vida de oración y penitencia” por abusar de seminaristas.
En una ironía brutal para Benedicto —quien lo persiguió a pesar de la presión del principal adalid de Maciel, el cardenal y Secretario de Estado Angelo Sodano— Maciel dejó un imperio eclesiástico estimado por el periódico italiano L’espresso en 25 mil millones de euros y con un presupuesto anual de 650 millones, según el Wall Street Journal. Hace siglos que un escándalo de la Iglesia no tenía esta complejidad. Esta enorme operación financiera está en las manos de un grupo que muchos consideran una secta, un grupo de cuyos líderes se sospecha encubrieron la vida corrupta de su fundador. Mientras el Vaticano lidia con la Legión —y el espinoso problema legal de si la Santa Sede puede intervenir en sus operaciones financieras de largo alcance— tres de los hijos de Maciel exigen una compensación económica, reclamando que la Legión los segregara cuando murió el fundador.
Además de preguntarse si debe desmantelar o “reformar” a la Legión, el Papa está bajo la presión de los casos de abuso sexual en Irlanda y de viejos casos desde Alemania y Wisconsin, casos donde el New York Times ha reportado que omitió disciplinar a pedófilos. El caso Maciel destaca por otra razón: levanta dudas éticas profundas sobre cómo circula el dinero en el Vaticano y sobre si las cantidades que Maciel se supone regaló a varios cardenales son una violación a la ley.
Lo que emerge de decenas de entrevistas en Roma, México y varias ciudades estadunidenses es la saga de un hombre que cortejó a oficiales vaticanos, incluso a aquellos encargados de oficinas que debían investigarlo, entregándoles miles de dólares en efectivo y regales caros. Maciel construyó sus bases cultivando a donadores acaudalados, de manera especial a viudas. Incluso cargando a cuestas acusaciones de pedofilia, Maciel atrajo muchos seminaristas en una era de vocaciones menguantes. En 1994 Juan Pablo II lo declaró “guía eficaz de la juventud”, y continuó alabándolo aún después de que una investigación de Gerald Renner, publicada en el The Hartford Courant en 1997, expuso su toxicomanía y sus abusos a seminaristas. En 1998, ocho de esos ex legionarios montaron un caso canónico para enjuiciar a Maciel en los tribunales del cardenal Joseph Ratzinger. Maciel tuvo el apoyo inamovible de tres figuras centrales: el cardenal secretario de Estado Angelo Sodano, el cardenal Eduardo Martínez Somalo, Prefecto de las Congregaciones Religiosas, y monseñor Stanislaw Dziwisz, secretario particular polaco de Juan Pablo II. En 2004, Juan Pablo, ignorando los cargos canónicos contra Maciel, lo honró en una ceremonia vaticana donde le confió a la Legión la administración del centro de Nuestra Señora en Jerusalén. La siguiente semana Ratzinger decidió autorizar la investigación contra Maciel.
Ese apoyo papal le daba a Maciel la credibilidad para moverse con soltura entre los súper ricos. El mismo 2004, en un acto para recaudar fondos, un camarógrafo lo detectó pasándole los dedos por la solapa al smoking de Carlos Slim, uno de sus principales patrocinadores. Además de los donativos, las escuelas legionarias con altas colegiaturas y bajos salarios subsidiaban las operaciones romanas, dicen fuentes cercanas a las finanzas de la Orden.
Arriba, de izquierda a derecha: Thomas Monaghan, fundador de Domino’s Pizza, Steve McEveety, productor de cine y el ex gobernador de Florida Jeb Bush. Abajo: Mary Ann Glendon, ex embajadora estadunidense en el Vaticano. Derecha, Marcial Maciel con Carlos Slim. Fotos: Archivo, Sonia Kajt/ EFE, Giancarlo Guliani/ EFE y especial
En Estados Unidos, sus patrocinadores son, entre otros, Erik Major, fundador de Blackwater; Steve McEveety, productor de la película de Mel Gibson, La pasión del Cristo (recomendada por la Legión); Thomas Monaghan, fundador de Dominos Pizza y la Universidad Ave María en Florida. Otros que los apoyaron en la red, con artículos, discursos o eventos para recolectar fondos son el ex gobernador de Florida Jeb Bush, hermano del ex presidente; Plácido Domingo; la profesora de leyes de Harvard y ex embajadora estadunidense en el Vaticano Mary Ann Glendon, quien estuvo en la planeación de la compra de la Universidad de Sacramento, la primera de la orden en los Estados Unidos. Dos sacerdotes legionarios son estrellas de los medios: Jonathan Morris, en la cadena Fox, y el profesor de teología de su universidad en Roma, Tom Williams, para NBC en la cobertura de Katie Couric del cónclave de 2005 y luego con la misma periodista en CBS.
Además del padre Fichter, quien hoy tiene una parroquia en Nueva Jersey, dos ex legionarios hablaron con detalle de las prácticas financieras de Maciel en entrevistas en Roma en julio pasado. Estos sacerdotes, y dos más todavía legionarios, pidieron el anonimato por miedo a represalias. Hubo esfuerzos repetidos por obtener las réplicas de los cuatro cardenales, quienes supuestamente recibieron pagos sustanciales por parte de Maciel, pero ni los tres cardenales en Roma ni el cardenal Stanislaw Dizwisz, en Cracovia, respondieron: este último alegó que “no tenía tiempo para una entrevista”, mientras de los jerarcas vaticanos sólo el cardenal Franc Rodé, Prefecto para la Congregación de las Órdenes Religiosas, contestó a través de su equipo que no podía comentar mientras la investigación sobre la Legión estuviera en curso.
Sodano, el anterior Secretario de Estado y hoy decano del cuerpo de cardenales, y el cardenal Eduardo Martínez Somalo, el Camarlengo papal, no respondieron a los mensajes. De haber respondido quizá hubieran aclarado una de las dudas en este barroco drama financiero: ¿Cómo deciden los jerarcas de la Iglesia qué reportar y a quién cuando reciben grandes cantidades de dinero? El Vaticano no tiene leyes que hagan de esos regalos actos ilícitos, pero quienes conocían sus estrategias dijeron que el objetivo de Maciel fue comprometer el arcaico y opaco sistema vaticano con ellos.
La mayor parte de su vida, funcionó

HACIENDO AMIGOS EN LOS LUGARES CORRECTOS
La oficina vaticana con el mayor poder para detener la carrera de Maciel antes del 2001 —año en que Ratzinger convenció a Juan Pablo de consolidar la autoridad de las investigaciones sobre abusos en su propia oficina— era la Congregación para los Asuntos Religiosos, que vigilaba a órdenes como los dominicos, franciscanos y legionarios, entre otras.

Según dos ex legionarios con años de carrera en Roma, Maciel pagó la renovación de la residencia romana del cardenal argentino jefe de esa oficina entre 1976 y 1983, el fallecido Eduardo Francisco Pironio. “Es un regalo mayor”, explica uno de los sacerdotes, quien añadió que los trabajos fueron caros y ampliamente conocidos en las altas esferas de la Orden. “Pironio torció su brazo para firmar la constitución de la Legión”.
Constitución que incluyó los altamente controvertidos votos privados, mediante los cuales todo legionario juraba nunca hablar mal de Maciel o de cualquiera de los superiores, y reportar a cualquiera que lo hiciera. Estos votos básicamente hacían del espionaje una expresión de fe, cimentando la obediencia ciega al fundador; una manera más como Maciel evitaba el escrutinio. Los cardenales consultores del consejo de la Congregación para los Asuntos Religiosos renegaban su aprobación. “Entonces, Maciel llegó hasta el Papa a través de monseñor Dziwisz”, dijo uno de los informantes, “dos semanas después Pironio había firmado”.
Stanislaw Dziwisz era el confidente central de Juan Pablo II, un polaco con habitación en los sectores privados del Palacio Apostólico. Maciel gastó años en cultivar a Dziwisz para llegar a la confianza del Juan Pablo y, bajo sus órdenes, la Legión envió ríos de dinero a Dziwisz en su función de portero de las misas privadas del Papa en el Palacio. Acudir a una misa privada era un raro privilegio reservado al ocasional jefe de Estado, como el Primer Ministro Británico Tony Blair y su familia. Uno de los ex legionarios en Roma dijo que una familia mexicana en 1997 dio a Dziwisz 50 mil dólares luego de asistir a una de esas misas. “Arreglábamos cosas como ésa”, mencionaba. ¿Sabía Juan Pablo II del intercambio de fondos? Eso sólo lo sabe Dziwisz. Dada la vida ascética del entonces Papa y su conocida generosidad los fondos podían haber parado en un obispado del tercer mundo. La biografía de Dziwisz omite el tema y la mención de Maciel o de la Legión, a pesar de que el sacerdote que arreglaba esos encuentros se preocupaba por el frecuente intercambio de dinero entre los legionarios y Dziwisz.
“Esto pasaba todo el tiempo con Dziwisz”, dice un segundo ex legionario que atestiguó esas transacciones y señala que el padre Álvaro Corcuera, sucesor de Maciel desde el 2004, y un par de otros legionarios “subían al tercer piso con Dziwisz donde eran muy bienvenidos. Se les conocía en esa casa”. Luchando por darle contexto a esos donativos, el clérigo continuó: “es para decir que esos laicos son gente buena y piadosa, que sería bueno para ellos conocer al Papa. La expresión aquí es opera carita —hacer un donativo para tus obras de caridad—. Así se hace, sin que nadie sepa a dónde va el dinero. Es una manera elegante de entregar un soborno”. Y recuerda lo que le hizo dejar la Legión: “Me desperté un día y me pregunté, ¿estoy entregándole mi vida a Dios, o a un hombre con problemas? No valía la pena consagrarme a Maciel”.
El obispo de Cracovia Stanislaw Dziwisz. Foto: Milenio

¿QUÉ ES UN SOBORNO?
En términos legalmente realistas, “una manera elegante de entregar un soborno”, ¿es sobornar? No para Nicholas Cafardi, un prominente abogado canónico y rector de la carrera de leyes de la universidad de Duquesne, en Pittsburgh. Cafardi, quien ha hecho consultorías legales para muchos obispos, respondió que bajo el canon 1320 del código, un regalo generoso a un oficial en Roma “califica como hacer una causa piadosa”, y explica que esos fondos no necesitan ser reportados al cardinal vicario de Roma. Un coche no necesita ser reportado, por ejemplo. “Así interpreto la ley. No conozco excepciones en cuanto a que los cardenales tengan que reportar (efectivo) regalos para sus causas pías”.

“Maciel quería comprar poder”, dijo el sacerdote que facilitó la opera carita a Dziwisz y le entregó el sobre a Martínez Somalo. No usó la palabra soborno, pero al explicarse comentó que “llegué a un punto de quiebre respecto a esta cultura de la mentira. Los superiores saben que mienten y saben que tú lo sabes”, apuntó. “Mienten sobre el dinero, de dónde viene, a dónde va y cómo se les regala”. En 1994, Maciel envió a un oficial de la Legión a entregar un millón de dólares a Dziwisz, quien había viajado con Juan Pablo a Polonia. Manejar el dinero era el papel de Dziwisz en la resistencia contra el comunismo en 1980, tal como lo narra Jonathan Kwitney en Man of the Century, una biografía de Juan Pablo II.
“Dziwisz persuadió a las autoridades polacas de prescindir del pago aduanero de bienes importados que llegaban en camiones de 20 toneladas también arreglados por Dziwisz… Muchas camionetas llevaban hasta dos mil dólares en efectivo, en billetes de cinco, 10 y 20 dólares. El dinero se iba a la caja fuerte de la Curia, desde donde el cardenal Macharski retiraba lo que necesitaba. Los fondos venían de colectas, de parroquias italianas desde Comunión y Liberación, y del resto del mundo de diversas órdenes religiosas”.
Como en el donativo de la familia mexicana, lo que resalta del papel de los legionarios no es el hecho, sino el tamaño de los donativos, y lo que, ahora que sabemos de las múltiples vidas de Maciel, él esperaba a cambio. Lo que hizo Dziwisz con el dinero quedó entre él y el Papa. Pero dada la resistencia que opuso Juan Pablo II a investigar a Maciel luego de la demanda canónica de 1998, el líder legionario se debió sentir recompensado.
Cuando el cardenal Eduardo Martínez Somalo sucedió a Pironio en 1994, Maciel despachó al mismo sacerdote que había asistido a la donación de la familia mexicana a Dziwisz, a la casa del hombre que ahora supervisaría a las órdenes religiosas del mundo. El joven sacerdote llevaba un sobre repleto de dinero. “No pestañeé”, recuerda. “Subí a su departamento, le entregué el sobre, me despedí… era una manera de hacer amigos, de asegurarse de ayuda cuando la necesitaríamos, de aceitar los goznes”.
Glenn Favreau, legionario en Roma de 1990 a 97, hoy abogado en Washington DC, recuerda: “De Martínez Somalo se hablaba mucho en la Legión, siempre en el contexto de que era ‘nuestro superior’ porque era nuestro amigo. Un amigo de la Legión”. Favreau, quien nada sabía del donativo a Martínez Somalo, continúa: “Había cardenales que no eran amigos. Tampoco enemigos, pero todos sabíamos quiénes eran. A Pío Laghi no le gustaba la Legión”. Laghi era el anterior nuncio papal para Estados Unidos.
Foto: Vicenzo Pinto/ AFP
La oficina de Martínez Somalo cambió de nombre: la Congregación para losInstitutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. Pero lo demás siguió igual: de 1994 a 2004, el cardenal español supervisó cualquier queja de órdenes religiosas y de sus jerarcas. En sus archivos, de acuerdo a varios ex legionarios, descansaban cartas datadas desde muchos años antes acusando a Maciel de abusar seminaristas. Cuando el Hartford Courant publicó las acusaciones en 1997 destapando la cloaca, Martínez Somalo no hizo nada. Igual que el resto de la Curia.
Juan Pablo nombró luego a Martínez Somalo Camarlengo, el oficial a cargo del siguiente cónclave. En 2005, fue Martínez Somalo quien, vestido de rojo, salió al balcón a decir “Habemus papam” mientras Ratzinger emergía por primera vez como Benedicto XVI.
Hoy el cardenal a cargo de las órdenes religiosas es Franc Rodé, quien por años y abiertamente simpatizó con Maciel, la Legión y el Regnum Christi. En 2007, Rodé tomó unas vacaciones en Cancún con cargo a la Legión, según uno de los legionarios en Roma. Pero un cardenal rechazó los regalos de Maciel, y ese fue Joseph Ratzinger. En 1997 visitó a los legionarios para darles una disertación en teología. Cuando, al final, se le entregó un sobre para sus obras pías, Ratzinger lo rechazó. “Era muy educado pero muy duro”, dijo un testigo.

EL MODUS OPERANDI
Antes de Navidad, los seminaristas de la orden gastaban horas llenando canastas con botellas caras de vino, brandy y jamones ibéricos de mil dólares la pieza. El padre Stephen Fichter, hoy pastor diocesano de la parroquia del Sagrado Corazón de Haworth, Nueva Jersey, coordinó las oficinas administrativas de la Legión en Roma de febrero de 1998 a octubre de 2000: “Cuando el padre Maciel salía de Roma yo debía proporcionarle 10 mil dólares en efectivo, cinco mil en dólares (estadunidenses) y otros cinco mil en la divisa del país al cual viajaba”, explica. “Nunca dudé del uso bueno y noble de los fondos. Era mi rutina de trabajo. Él estaba fuera de cualquier sospecha y yo me sentía honrado de llenar ese papel. Nunca entregaba recibos y yo jamás me hubiera atrevido a pedírselos”.

“Como legionarios nuestras normas sobre el uso del dinero son muy restrictivas. Si salía y me daban 20 dólares y compraba una pizza le regresaba 15 a mi superior junto al recibo. Lo más triste es lo ingenuos que éramos. Tratábamos de vivir nuestro voto de pobreza por entero y jamás cuestionamos su fidelidad al mismo. Muchos de mis viejos compañeros siguen en la Legión y siento que la pasan muy mal ahora. No quiero que me saquen de contexto. Maciel engañó a tantos. En retrospectiva me lamento de que yo y tantos otros hayamos sido tan crédulos. Afortunadamente, para mí, fue hace muchos años”.
Al obtener su doctorado en sociología de la universidad de Rutgers, Fichter ha trabajado como investigador asociado para el Centro de Investigación Aplicada del Apostolado (CARA) de la universidad de Georgetown. “Estoy muy contento como pastor y con las investigaciones que hago para el bien de la Iglesia. En esta etapa de mi vida, habiendo colaborado con la investigación vaticana de la legión, rezo todos los días por quienes aún son legionarios. Los ayudaré de cualquier modo posible”.
Foto: Jerry Lampen/ Reuters

LA JUSTICIA, RETRASADA
Cuando antiguas víctimas levantaron un caso canónico contra Maciel en 1998 ante la Congregación para la Doctrina de la Fe, Sodano, como secretario de Estado —esencialmente, como el Premier vaticano— presionó a Ratzinger para parar el procedimiento. Como reportó el National Catholic Register en 2001, José Barba, hoy profesor universitario y ex legionario en la Ciudad de México, quien inició el caso ante la oficina de Ratzinger, supo del rol de Sodano de la boca de la canonista encargada desde Roma, Martha Wegan. “Sodano vino (a la Legión) con su familia entera, eran 200, para una comilona cuando fue nombrado cardenal”, recuerda Glenn Favreau. “Y los alimentamos a todos. Cuando se hizo Secretario de Estado hubo otra celebración. Venía a nuestros eventos especiales, como la primera paletada con una pala dorada cuando comenzó la construcción de la casa de Estudios Superiores. Y a la cena después”.

“El cardenal Sodano era el porrista de la Legión”, dice uno de los ex legionarios. “Venía a darnos una plática en Navidad y salía con 10 mil dólares”. Otro sacerdote recuerda un donativo también de 50 mil dólares para Sodano.
En diciembre de 2004, con la salud de Juan Pablo II deteriorándose rápidamente, Ratzinger rompe con la presión de Sodano y le ordena a un canonista, monseñor Charles Scicluna, investigar. Dos años después, ya como Benedicto, aprueba la orden dada a Maciel de abandonar el sacerdocio por el ostracismo en Cotija. La Congregación citó la edad de Maciel como atenuante de un juicio completo.
Un influyente oficial del Vaticano comentó los intentos de Sodano por suavizar el lenguaje del comunicado papal, para alabar a la Legión y a su ala laica de 60 mil miembros, Regnum Christi, sin citar directamente los abusos, a pesar de la campaña que por nueve años sostuvieron (los legionarios) denunciando a las víctimas que los acusaban. El comunicado de respuesta de la Legión comparaba a Maciel con Cristo por rehusar defenderse y aceptar esa “nueva cruz” con “una conciencia tranquila”. Maciel se refugió en Cotija pero internamente la Legión insistía en su inocencia.
Pero en 2009, un año después de su muerte, la Legión mostró su sorpresa al descubrir a una hija de Maciel. La noticia sacudió a la orden y al Regnum Christi, pero en una institución construida sobre el culto a la personalidad, las longevas alabanzas de Juan Pablo II sugerían una herencia de virtud a costa de todo; los oficiales legionarios se apresuraron a suprimir cualquier escepticismo.
Dos sacerdotes legionarios confirmaron que hasta el verano anterior aún se enseñaba la vida virtuosa de Maciel. “Están sufriendo lavados de cerebro, como si nada hubiera pasado”, se quejó uno legionario sentado en una banca a orillas del río Tíber. Gracias a la intervención de Sodano en el lenguaje del documento original, la orden se apegó a la endeble defensa de que el Vaticano nunca mencionó los abusos.
Qué tanto sabían los oficiales de la legión sobre las otras vidas de Maciel —la hija con la madre en Madrid y los tres hijos en México— es un tema significativo en la investigación vaticana. Igual que el dinero que pudo haber gastado en sus familias y cuánto desvió amparado en la máscara de caridad religiosa.
Tras esas preguntas quedan otras sobre el empleo del dinero en el Vaticano. ¿Son simples donativos esos sobres con miles de dólares entregados a cardenales luego de que dan pláticas, dan misa o asisten a cenas? La Legión pide dinero para obras de caridad. ¿Cómo contabiliza eso? ¿Alguien en el Vaticano tiene acceso a escrutar esos libros?
Cuando Dziwisz se hizo obispo en 1998, la orden pagó los costos de su recepción en su centro romano. “Dziwisz ayudó a la Legión de muchas maneras”, dijo uno de los sacerdotes que facilitó los pagos. “Convenció al Papa de celebrar los 50 años de la Legión”. En un libro sobre Maciel publicado en España, el periodista Alfonso Torres Robles le llamó a ese acontecimiento del tres de enero de 1991 “una de las mayores demostraciones de fuerza de la Legión… en la Basílica de San Pedro en Roma, cuando Juan Pablo II ordenó a 60 legionarios al sacerdocio, en presencia de siete mil miembros del Regnum Christi de diferentes países, 15 cardinales, 52 obispos y muchos benefactores millonarios”.
Maciel filmó la celebración y usó una secuencia en un video que la orden vendió hasta 2006. La presencia de Juan Pablo II era una imagen estratégica para su propaganda y el video mostraba a donantes potenciales cuando los seminaristas acompañaban a sacerdotes a sus casas.
La orden ya no circula esos videos. La Legión tiene presencia en 23 países, con docenas de escuelas de élite, casas de formación y algunas universidades. La estrategia de Maciel de comprar influencias se extendió por más de cinco décadas.