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En el Edomex existen 32 “templos”; es la entidad con el mayor número en el país

Oscar Huerta

Hace un año la señora Mariana Gónzález, habitante de Valle de Chalco empezó a sentir una depresión fuerte que la llevó a tener miedo de dormir, de despertar, de la gente en la calle, de ir a un lugar lejos de su casa, de los programas de televisión.

Buscó ayuda psicológica, asistió a una terapia pero luego ya no tuvo dinero para la siguiente sesión pues su sueldo como empleada de una zapatería no se lo permitía. Fue al centro de salud, donde le dijeron que no podían darle la ayuda que necesitaba y que mejor se fuera a la iglesia (se entiende que la catolica). Ahí escuchó sermones que a ella no la hicieron sentir mejor, continuó deprimida.

Alguien le dijo que asistiera a la Iglesia Universal del Reino de Dios, que ahí encontraría el alivio para su depresión y sus miedos. Se sentó, de inmediato un joven le comentó que ahí nadie le cobraría un peso por ayudarle espiritualmente, que nadie está en este lugar a la fuerza y que mucho menos se le reprocharía por ser católica o integrante de cualquier otra religión.

“Se sentó ni tan enfrente, ni tan atrás, sino en las bancas de en medio”. Un pastor se le acercó, le preguntó que si le dolía la espalda, el cuello, la cabeza, que si sentía vértigo o si a caso algo le daba terror.

A la mayoría de estos cuestionamientos, Mariana de 42 años y con dos hijos respondió afirmativamente. Fue cuando el pastor le dijo que todas esas sensaciones eran producto de la envidia que otros le tenían.

Las siguientes horas una mujer de la congregación la escuchó de forma individual, Mariana se sintió mejor, volvió al siguiente jueves y una semana después asistiría primero tres días, luego cuatro y por último seis días por semana. Su tiempo y dinero disponible se quedaron en esta congregación, ella como cientos de personas en Valle de Chalco quedó enganchada. (más…)

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En más de mil artículos seguidos con fanatismo por los Legionarios de Cristo, se establece la inapelable obediencia a los superiores y el control estricto de su vida, pero también el de sus bienes, salario y propiedades

Ceremonia de consagración de cuatro señoritas en la Parroquia de Santa María de Caná en Madrid. Foto: Regnumchristi.com

Eugenia Jiménez Cáliz

Las revelaciones de la doble vida del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, abrió la caja de Pandora que obligó al Vaticano a buscar una redefinición de la congregación. Su encomienda no acaba allí: en los próximos meses, por disposición del papa Benedicto XVI, se revisará la normatividad del Regnum Christi, el movimiento de católicos creado por el michoacano para tener un control total de la conciencia de sus "soldados rasos" y un ingreso de miles y miles de dólares a cambio del camino a la perfección.

Como un pescador profesional, Marcial Maciel estableció normas de sumisión absoluta para "pescar a los hombres perfectos", y en sus estatutos secretos con mil 57 artículos —una copia obra en manos de M Semanal—, estableció que sólo pueden ser dignos de integrarse al Regnum Christi aquéllos que no sean adictos al "alcohol" o a "la droga", que no "padezcan graves desórdenes psíquicos o anomalías en la conducta sexual", que "estén libres de ambiciones terrenas y no participen en actos públicos o civiles, políticos o sindicales, sólo en sociedades privadas, con plena responsabilidad jurídica y civil".

Un asunto clave para Maciel fue y son las aportaciones económicas de la estructura del movimiento Regnum Christi a la Legión de Cristo. Por eso se establece en el artículo 409 que los miembros de "tercer grado —el más elevado y comprometido, denominado las y los consagrados— al estar en el Movimiento conservarán "la propiedad de sus bienes y la capacidad de adquirir otros, pero no pueden administrarlos por sí mismos"; que todos lo que les sea donado o pagado vía sueldo, "debe pasar al fondo general" de los Legionarios de Cristo; que a los 15 años de pertenencia a éstos deberán donar al fondo la mitad de sus bienes y a los 25 donarlos por completo. Hay que señalar que en teoría las y los consagrados ingresan mínimo a los 18 años (a los 17 con condiciones) pero la realidad es que muchas chicas se incorporan desde los 16, al terminar la preparatoria.

Las cuatro primeras señoritas consagradas en Roma. De izquierda a derecha, Graciela Magaña, Margarita Estrada, Guadalupe Magaña y Patricia Bannon. Foto: Regnumchristi.com

Estos criterios son distribuidos en todos los centros de los consagrados y está prohibida su reproducción; en el articulado se mezclan la normatividad de los Estatutos y la de los reglamentos. Pero el documento oficial aceptado por la Santa Sede en 2004 sólo establece 128 artículos, y el documento completo en uso es de mil 57: esto incluye otras normas como el "Manual de principios y normas" y el "Manual de urbanidad" que le indican a los consagrados cómo caminar o cruzar las piernas. En total se habla de más de dos mil normas sin contar las cartas protocoladas que suman todavía más indicaciones prácticas.

Existe la instrucción de que en los centros de tercer grado se dé antes de la cena una lectura íntegra de uno o dos números de los estatutos y reglamentos que, para completarse, puede prolongarse en capítulos por más de un año. Se les explica en todo momento que esas indicaciones que regirán su vida son por voluntad de Dios y que contravenirlas es contravenirlo a Él. Entre las indicaciones indispensables está la obligación de obedecer ciegamente a la cúpula legionaria: los jefes legionarios tienen un control total de las vidas de las consagradas, como lo indica Irene Alemany, directora de una casa de consagradas, cuando asegura que "la obediencia a los superiores refleja la voluntad de Dios, para nosotros obedecer a los superiores es obedecer a alguien que representa la voluntad de Dios".

Por ese sometimiento tan absoluto, tan sólo un reducido grupo de la Iglesia Católica conoce del todo quiénes son esas mujeres entregadas a los Legionarios, a quienes se les exige no acercarse a los obispos u otros funcionarios de la Iglesia si no está presente un sacerdote legionario porque "a ustedes no les corresponden las relaciones con eclesiásticos". Su trabajo en pocas ocasiones se desarrolla en el exterior, sino principalmente en los colegios de la Legión, consistiendo básicamente en dar clases de materias como ética, moral y desarrollo humano y cuidar dentro de la misma línea a las chicas de los grupos juveniles. Pero su principal objetivo es captar vocaciones y buscar donativos para su manutención y para el crecimiento de "la obra de Dios"; semanalmente tienen que entregar los recursos obtenidos a su director territorial.

Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y sospechoso de recibir sobornos de Maciel, acompañado por los legionarios Sylvester Heereman y Steven Clarke Foto: Regnumchristi.com

¿Cómo trabajan para obtener esos recursos? Una ex consagrada explicó que a quienes dan clases en los colegios de la Legión se les otorga una lista de sus alumnos y las referencias de la capacidad económica de sus padres; así ellas detectan quiénes son los que podrían dar un mejor donativo y se les insiste para obtener una cita y posteriormente plantearles que su aportación será para invertirlo en programas de jóvenes, aunque realmente ellas desconozcan la utilización del dinero que se les entrega. De no ser autosuficientes en la manutención de las casas, se les da autorización para llamar a sus familias a fin de que éstas les envíen dinero o productos como ropa, alimentos, boletos de avión o el costo de algún necesario tratamiento de salud. Pero ellas no tienen permitido comprar por ellas mismas ningún objeto, necesario o no, siendo éste otorgado previa petición por el director del centro; de recibir un regalo o donativo, tienen que entregarlo de inmediato a la dirección para su distribución: lo más probable es que si un padre preocupado le manda a su hija, digamos, un abrigo, éste será portado por otra persona, generalmente con el desconocimiento del donante del destino final de su donativo. Los directores se aseguran de suprimir lo que tenga apariencia de mundano ya sea en la comida, vestido, descanso, viajes u otras cosas.

Las consagradas también se deben abstener del contacto con albaceas, ejecutores o procuradores civiles: tienen prohibido tomar sobre sí el cumplimiento de legados testamentarios. En las normas que regulan la vida de los consagrados se indica que nadie debe visitar a extraños en sus casas, hablar por teléfono con ellos o comer, a menos de que sea labor de apostolado. Los miembros deberán salir de dos en dos del centro y pueden ser acompañados por una persona del mismo sexo siempre y cuando su madurez y seriedad hayan sido comprobadas. Esto se hace así, se les explica, por el grave peligro que tiene el mundo actual para las vocaciones. Por lo mismo se les otorga competencia a los directores de revisar la correspondencia que llegue para las consagrados, a quienes se les debe impedir (principalmente a los jóvenes) enviar cartas a personas del mismo sexo y procurar que no mantenga correspondencia de carácter social y frívolo con sus propios parientes, así como con alguna amistad que se considere puede dañar o simplemente hacer perder el tiempo.

Álvaro Corcuera saluda a Gabrielle D. Mee, benefactora de la Legión de Cristo, cuya herencia está siendo disputada por la familia y la Orden. Foto: Regnumchristi.com

Como un peligro a las vocaciones también se observa el uso indiscriminado de los medios de comunicación, por ser, indican, un obstáculo para la fidelidad a la que se han comprometido y porque propician frivolidad, indisciplina, pérdida de tiempo y deformación de conciencia. De ahí que tengan prohibido tener en sus habitaciones o despachos radio y televisión y que tengan muy restringido el uso de internet.

Las consagradas deben evitar la lectura de periódicos, revistas o libros, los cuales no están prohibidos pero son evitados porque "pueden poner en peligro su fe", y tienen una larga lista de obras de literatura que por su carácter mundano o por su contenido ideológico, amoral o inmoral se deben excluir por no ser propias para "una alma consagrada".

Se les permite seguir cinco encuentros deportivos al año, al menos que sean Olimpiadas o mundiales de futbol; entonces se les autoriza ver seis encuentros del campeonato, cuidando que éstos no superen los 11 al año. Tienen prohibido asistir a festivales de música ligera, zarzuela, ballet y ópera, pero sí pueden asistir a programas culturales, científicos y audiciones de música clásica. El lazo familiar es limitado a una visita mensual o una llamada telefónica; si la familia es de otro país y no puede viajar para estar con su hijo (a), cada siete años tienen derecho a estar 15 días con sus familiares, pero durante el primer año no pueden recibir visitas de ningún tipo. Los permisos extras se les otorgan si los padres están enfermos o en peligro de muerte, y únicamente por ocho días; no hay permisos para bodas ni otras celebraciones familiares.

El modelo de crucifijo que acompaña a las consagradas durante su vida. Foto: Regnumchristi.com

Pese a que cuando ingresan todas deben ser mujeres sanas —no serían admitidas de otra manera—, la mayoría luego de pocos años padece trastornos de sueño, depresión y gastritis, aunque también esconde estos síntomas pues según indican los estatutos, pueden ser enviadas de vuelta a su casa "aquéllos con enfermedad física o psíquica contraída, incluso ya incorporados al tercer grado, y que según los doctores los incapacite para tener una vida de grupo". También son regresados quienes sean "concubinarios o los que den escándalo permanente con actos externos contra el sexto mandamiento", quienes hayan secuestrado a personas con la fuerza o el engaño, los que han procurado aborto y los que cometen "robos" o "fraudes".

Sin embargo, el cumplimiento de esas normas no es suficiente para mantenerse dentro del Ejército de Dios, también se requiere someterse a una serie de cuestionarios establecidos en el Manual de Exámenes Prácticos integrado por 95 temas, donde no sólo se les cuestiona sobre su fidelidad a Cristo y obediencia a los superiores: a esos "soldados rasos en orden de batalla", como se autodenominan, se les hacen preguntas sobre su virilidad, si han tocado a niños o dejado que éstos los toquen o si se consideran hombres sensuales, afeminados, trabajadores, etcétera.

Los legionarios se han caracterizado siempre por ser pulcros y cuidar su imagen física, por esos se les interroga en el tema "Espíritu de Distinción" sobre si son aseados, si su uniforme no está manchado, arrugado o si su calzado está sucio y, al referirse a la "Reglas de Modestia", se les solicita respondan: ¿Cuándo estoy de pie me encorvo? ¿Cuándo estoy sentando me mantengo recto? ¿Voy dejado mis posturas o me muestro viril? En el tema "Tiempo de Magisterio" se les pregunta: ¿Tengo cuidado singular en la guarda del tacto? ¿Me permito tocar a los niños? ¿Dejo que ellos me toquen a mí?

Señoritas consagradas visitaron en 2006 la tumba de monseñor Rafael Guizar y Valencia, tío de Marcial Maciel. Foto: Regnumchristi.com

Los cuestionarios reflejan, por las preguntas, que están dirigidas principalmente a los hombres, a los futuros sacerdotes de la legión. Sin embargo, en algunos temas se aplican a las mujeres consagradas por igual. Por las 333 páginas de éste manual la regla constante es insistir en cuestionamientos sobre la obediencia total a los superiores y el delatar a los compañeros que se rebelen a las normas; así se mantiene un control de cada uno de los integrantes de la vida consagrada y de los clérigos de los Legionarios de Cristo.

Estos compromisos serán parte de los documentos de la congregación a revisar por quienes designe el Papa Benedicto XVI como visitador para el ala laica de los Legionarios de Cristo en los próximos días; ellos deberán identificar si esto es acorde con el carisma que tiene la orden o si son un mecanismo más de explotación y abuso por parte de Marcial Maciel.

Monseñor Emilio Berlié, arzobispo de Yucatán, con señoritas colaboradoras del Regnum Christi. Lo acompaña el padre José María Sabín. Foto: Regnumchristi.com

Milenio
11/05/2010