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Por Oswald J. Smith.

HAY TAN SÓLO un obstáculo que puede bloquear el canal e impedir el poder de Dios y éste es el PECADO. El pecado es la gran barrera. Por sí solo puede impedir la obra del Espíritu e impedir un avivamiento. “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad”, afirmaba David, “el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18). Y en Isaías 59:1-2, tenemos estas significativas palabras:

“He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”. Así, el pecado es la gran barrera y tiene que ser abandonado. No pueden haber medias tintas. No hay alternativas. Dios no obrará en tanto que haya iniquidad no confesada.

Leemos en Oseas 10:12: “Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia”. Y en 2ª Crónicas 7:14 se otorga la promesa de bendición basada, no obstante, sobre unas condiciones inalterables: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” Así que, nada menos que un corazón contrito por el pecado, una confesión total y restitución satisfará a Dios; y no solamente tristeza por las consecuencias y castigo del pecado, sino por el pecado mismo cometido contra Dios. El infierno está lleno de remordimientos, pero solamente por el castigo en el que se ha incurrido. No existe ninguna verdadera contricción. El hombre rico no pronunció ni una sola palabra de tristeza por su pecado en contra de Dios (Lc. 16:29-30). Pero David, aunque culpable de asesinato y de adulterio a la vez, vio su pecado como solamente contra Dios (Sal. 51:4). El mero remordimiento no es verdadera tristeza según Dios para arrepentimiento. Judas, aunque lleno de remordimientos, nunca se arrepintió. El pecado tiene que ser dejado por completo.

Ahora bien, solamente Dios puede conceder un corazón contrito y quebrantado, una tristeza que tendrá como resultado la confesión y el abandono del pecado y nada menos que esto será suficiente. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51.17). “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pr. 28:13). “Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado” (Jeremías 3:13). (más…)

Esto es el todo de nuestro problema… el reino es de los pobres!

El rico es el que tiene … y en el reino de Dios, el que tiene posesiones propias (o piensa que las tiene), es automática y completamente excluido de participar de las cosas que Dios entrega.
El pobre es el que no tiene … y es a estos que Dios concede. Estos son aquellos en cuyos vasos vacíos Dios derrama las cosas de Su reino.

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Éxodo 14 describe un momento increíble en la historia de Israel. Los Israelitas acababan de salir de Egipto bajo la dirección sobrenatural de Dios. Y ahora estaban siendo perseguidos arduamente por el ejército de Faraón. Los Israelitas fueron guiados a un valle rodeado por montañas en ambos lados, y delante de ellos estaba el mar amenazador. Todavía no lo sabían, pero estas personas estaban a punto de experimentar la noche más oscura, más tormentosa de sus vidas. Ellos enfrentaron una noche de pánico y desesperación que los probaría hasta el fin de sus límites.

Yo creo que este pasaje de las Escrituras nos muestra cómo Dios convierte a su pueblo en adoradores. Verdaderamente, ningún otro capítulo en la Biblia demuestra esto más fuertemente. Vea usted, los adoradores no se hacen durante los avivamientos, o en los tiempos soleados y buenos, o en periodos de victoria y salud. Los adoradores de Dios se hacen durante las noches tormentosas y oscuras. Y la manera en que respondemos a nuestras tormentas determina la clase de adoradores que somos.

Hebreos 11 nos da esta imagen de Jacob durante su vejez. “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre el extremo de su bastón” (Hebreos 11:21). ¿Por qué se lo muestra a Jacob de esta manera en sus últimos días?

Jacob sabía que su vida había llegado al final. Por eso lo vemos dando su bendición a sus nietos. Así que, ¿qué hace Jacob al mirar hacia atrás, a los eventos de su vida? El es movido a adorar. Ni una palabra dice este hombre. Y así, mientras él se apoyaba en su bastón, maravillado ante la vida que Dios le había dado “[él] adoró”.

Jacob adoró a Dios en ese momento porque su alma estaba tranquila. Él había probado sin lugar a ninguna duda la fidelidad de Dios. Y ahora el patriarca concluyó, “No importa en cuál batalla yo he estado, Dios ha demostrado que me es fiel. El siempre ha sido fiel. Oh Señor, Dios Todopoderoso, ¡Yo te adoro!”

 

Isaías habla de un pueblo que se acerca a Dios con su boca pero no con el corazón.
Un pueblo cuyo conocimiento de Dios es a través de palabras de hombres.
Un pueblo que nunca ha conocido a Dios por sí mismo a través de revelación
divina.

En la iglesia del siglo veinte, hacer contraste entre la revelación de Dios y la enseñanza del hombre, parece casi blasfemo… pero la revelación fue el camino por el cual Moisés, Samuel y Pablo aprendieron de Dios.

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La iglesia como la conocemos hoy comenzó con arrepentimiento. Cuando Pedro predicó la cruz en Pentecostés, miles vinieron a Cristo. Esta nueva iglesia estaba hecha de un cuerpo, que consistía en todas las razas, llenas de amor los unos por los otros. Su vida corporativa estaba marcada por evangelismo, un espíritu de sacrificio, de mártires.

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“Dijo también el Señor: Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31).

Usted debe entender que Satanás busca cernir sólo a aquellos que amenazan a su trabajo. El va en contra del árbol que tiene el potencial de producir más fruto. Pero ¿por qué deseaba el diablo cernir a Pedro? ¿Por qué estaba tan ansioso de probarlo? Bueno, por tres años Pedro había estado echando fuera demonios y sanando enfermos. ¡Satanás había escuchado a Jesús prometer a sus discípulos otro bautismo, un bautismo con el Espíritu Santo y fuego – y lo hizo temblar! Ahora, Satanás escuchó el último plan de Dios para Pedro. El se dio cuenta que los últimos tres años serían nada comparados con las grandes obras que Pedro y los otros discípulos harían. Habiendo ya agarrado a Judas, él tendría que buscar algo corrupto en Pedro para construir sobre eso y hacer que la fe de Pedro falle.

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La Palabra dice hablando de la adúltera, “la mujer caza la preciosa alma del varón” (Proverbios 6:26). La mujer a la cual se refiere este verso es Satanás. Y él caza aquellos que son preciosos para Dios.

La Biblia nos da una ilustración gráfica de esto en Números 13 y 14. Israel había enviado a doce espías a examinar la Tierra Prometida. Cuando los espías retornaron después de cuarenta días, diez de ellos plantaron tres mentiras en los corazones del pueblo de Dios: (1) “Hay muchos habitantes en esa tierra; son demasiado fuertes para nosotros.” (2) “Las ciudades tienen muros muy altos; son impenetrables.” Y (3) “Hay gigantes en esa tierra, y no podremos contra ellos. ¡Estamos indefensos! ¡Estamos acabados!”

Estas mentiras quitaron el coraje del corazón de Israel. La Escritura dice que el pueblo pasó una noche de desesperación. “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche” (Números 14:1). Más de 2 millones de personas estaban llorando, gimiendo, lamentándose – enfocados solamente en sus debilidades e inhabilidades. Su lamento de incredulidad bombardeó los cielos.

Amado, el diablo arroja las mismas tres mentiras hacia el pueblo de Dios hoy día. “Tus pruebas son muy numerosas. Tus tentaciones son muy abrumadoras. Tú eres muy débil para poder resistir el poder que viene contra ti.”

La palabra que Dios le habló a Israel es también para nosotros hoy día: “Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19:5). “Porque eres pueblo santo a Jehová, tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único [precioso, especial] entre todos los pueblos que están sobre la tierra” (Deuteronomio 14:2).

Josué y Caleb tenían una revelación de su preciosidad ante los ojos de Dios. Ellos sabían que Israel era especial para el Señor. Esa era la clave del espíritu de esperanza que ellos tenían. Josué dijo, “Si Jehová se agrada de nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). En otras palabras, “Porque Él se deleita en nosotros, la tierra es ya como nuestra.”

Esta es la misma revelación que tuvo David: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, – porque se agradó de mí.” De igual manera, cada Cristiano victorioso tiene esta misma revelación de su amoroso Padre celestial. “¡No podemos fallar! Todos nuestros enemigos son pan comido para nosotros, porque somos preciosos para el Señor.”

BY DAVID WILKERSON