Archivos de la categoría ‘Benedicto XVI’

Al cumplirse 70 años de los Legionarios de Cristo, el periodista que hizo públicos los abusos de Maciel vuelve sobre la orden para analizar el papel de Juan Pablo II y de Ratzinger en los hechos, así como la reforma de la congregación.

Jason Berry

El pasado verano la decisión del papa Benedicto XVI de tomar el control de los Legionarios de Cristo fue un riesgo calculado. En una decreciente crisis de abusos sacerdotales el Papa eligió a un supervisor para reconstruir una orden religiosa internacional edificada sobre el “carisma” de un fundador que abusó sexualmente de sus seminaristas y que procreó hijos, incluyendo a dos que lo acusan de incesto.

Benedicto XVI durante la designación de Velasio de Paolis y otros 24 prelados como nuevos cardenales el 20 de noviembre de 2010. Foto: AFP

(más…)

Benedicto XVI reconoce que existieron ‘atrasos y lentitud’ en El Vaticano para atender las denuncias de abuso sexual de menores contra el fundador de los Legionarios de Cristo.

(más…)

¿Hay sustento en el Nuevo Testamento para la idea de una institución mediadora indispensable? ¿O son más bien esas instituciones entes neutrales, desarrollos de la historia secundarios, o cotos de poder de burocracias, o simples expresiones organizacionales alrededor de propuestas teológicas, que llegarían a lo mas a intérpretes? Por supuesto, abundan las opiniones.

(más…)

Raúl, uno de los dos hijos que tuvo Maciel con la mexicana Blanca Gutiérrez Lara, habla de los abusos a los que fueron sometidos él y su hermano por parte del fundador de los Legionarios de Cristo.

Jason Berry*

(más…)

El papa Benedicto XVI pidió ayer el perdón de Dios y de las víctimas de abusos sexuales por parte de los sacerdotes, además de comprometerse a que la Iglesia católica hará todo lo posible para garantizar que no vuelvan a suceder

(más…)

Más allá de los delitos y las bajezas de todo tipo cometidos por Marcial Maciel y sus adláteres, no es posible ignorar que uno de los errores estratégicos cometidos por la Legión de Cristo, demasiado evidentes estos días en que ninguno de sus valedores ha sido capaz de salir en su defensa, fue haberse convertido en una congregación tan soberbia y clasista.

La cuestión es que, destapada la caja de Pandora, nadie sabe cuántas sorpresas más pueden venir de otras órdenes religiosas que, en esencia, comparten algunas de las actitudes que hundieron a los legionarios. ¿Puede ser, por ejemplo, el caso del Opus Dei? Quizá.

Maciel construyó, literalmente, una agrupación a su imagen y semejanza. Llevó el llamado carisma del colectivo a niveles de personalización típica de dictadores, creó una cultura del secretismo y la complicidad que pervivió hasta su muerte, hizo de la religiosidad —un elemento fundamental de cohesión comunitaria— un instrumento de exclusión social y llevó al extremo, en un sentido más primitivo que teológico, el uso de la creencia (o de la fe si se quiere) para construir un reino que sí era de este mundo —el de él— y manipular a su antojo a quienes, desde los estratos altos, querían una religión sólo para ellos y a quienes, desde abajo, aspiraban a entrar a ese mundo.

¿Son los únicos que actúan así? A diferencia, tal vez, de jesuitas, dominicos o franciscanos, el Opus Dei, en el fondo y en la forma, parece mantener una filosofía más cercana a los legionarios. Es decir, asume que, como en todo, hay clases y sexos y que la práctica religiosa “verdadera” no es un asunto de masas sino de élites, de hombres no de mujeres, de iluminados y no de gente común.

Por ende, si se quiere “bailar con Dios”, como dice la hagiografía de la periodista española Pilar Urbano sobre José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus, no hay que ir a los espacios naturales de la religiosidad popular —el templo, el atrio, la calle— sino a “sus” círculos sociales, “sus” casas y “sus” escuelas, donde, allí sí, se puede sentir la “verdad revelada”.

La secularización de estados y sociedades, la mayor apertura informativa derivada de las nuevas tecnologías y redes y, paradójicamente, la necesidad de creer, sin embargo, podrían haber puesto a organizaciones cerradas de este tipo en el escrutinio de quienes han vivido otra historia y quieren contarla, de quienes se sienten traicionados en su aspiración de vivir, legítimamente, una fe abierta a todos y de todos.

Dicen que Álvaro del Portillo, el sucesor de Escrivá, siempre pensó que en el Opus no pasaría nada cuando su fundador desapareciera. Pero tal vez sea un buen momento de poner las barbas a remojar.

Se reproduce con la autorización del diario La Razón www.razon.com.mx

• La grabación clandestina de una reunión en Roma prueba el malestar del movimiento
• Documentados 20 casos de vejaciones en España a cargo de miembros de la orden

JUAN RUIZ SIERRA
MADRID

Hace un par de semanas, poco antes de conocerse que el Vaticano piensa nombrar a un comisario para limpiar y renovar la Legión de Cristo Rey, el vicario general de esta orden, Luis Garza, se reunió durante tres horas en Roma con 250 legionarios. El encuentro, a cuya grabación ha tenido acceso EL PERIÓDICO, es como un termómetro que calibra el estado de ánimo del poderoso movimiento fundado por el mexicano Marcial Maciel, a quien la Santa Sede, tras una investigación de ocho meses, imputa «verdaderos delitos». Protegido de Juan Pablo II, Maciel, fallecido en el 2008 a los 87 años, fue morfinómano, polígamo, padre en al menos cuatro ocasiones y múltiple agresor sexual. «No hay verdad ni transparencia. Me siento traicionado. Hay superiores que todavía tienen fotos del fundador en sus despachos. Es como si yo tuviera una foto de Jack el Destripador», le dice un religioso a Garza, que minutos antes ha solicitado a los reunidos que no pierdan la «ilusión». El símil no es demasiado hiperbólico: una asociación de exlegionarios tiene documentados 160 casos de abusos cometidos por Maciel.
Está, por ejemplo, José Antonio Pérez Olvera. Siendo un novicio, fue citado por Maciel en la enfermería de la congregación en Roma. El fundador de los Legionarios le dijo que su hermano –el de Pérez Olvera, también en la orden– se masturbaba en exceso y que para ayudarle a refrenarse necesitaba una muestra de su semen, pero que no podía pedírselo porque le faltaba «confianza», así que había pensado que, ya que la genética de uno y otro eran similares porque compartían padres, él debía hacer el «esfuerzo»: Maciel acabó masturbando a Pérez Olvera. O el caso de Francisco González Parga, quien en su testimonio da menos detalles, pero afirma haber sido «víctima a corta edad de abusos sexuales directos, perpetrados con engaños premeditados por el padre Maciel». Y así hasta 160.

SUPUESTA DEMENCIA / Durante el reciente encuentro en Roma, Garza, el vicario general, no pone en cuestión la analogía enunciada por su subordinado entre el fundador de la congregación y el asesino en serie más famoso de la historia, e incluso tilda al primero de «demente», pero también dice que los abusos de Maciel nunca llegaron a oídos de sus inmediatamente inferiores. «La Legión intenta ahora transmitir el mensaje de que todo se debía a Maciel, qué él era la única manzana podrida. Pero eso es mentira», sostiene Patricio Cerda, miembro de la orden durante dos décadas y secretario de la Asociación de Ayuda a los Afectados por las Enseñanzas de los Legionarios de Cristo.
Más allá de las 160 vejaciones de Maciel, su grupo tiene documentados otros 40 casos cometidos por otros sacerdotes o religiosos del movimiento, 20 de ellos en España. Todos han prescrito. «Había muchos más abusadores, y eran quienes habían sido previamente agredidos por Maciel. Reproducían las mismas pautas, los mismos esquemas», cuenta Cerda, quien se reunió a finales del pasado año con Ricardo Blázquez, uno de los cinco obispos que se han ocupado de investigar a la orden en todo el mundo; y con Joseph Ratzinger en el 2002, cuando este ocupaba el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y todavía no era papa. Fue Ratzinger, ya como Benedicto XVI, quien expulsó en el 2006 a Maciel del Vaticano y le ordenó llevar una vida de «oración y penitencia».
Hasta entonces, las denuncias habían llegado sin pausa a la Santa Sede, pero no se tomaron medidas. Maciel era uno de los grandes movilizadores de masas del catolicismo contemporáneo: garantizaba que las plazas y estadios que visitaba Juan Pablo II en sus múltiples periplos por el mundo estuviesen repletos de gente. Y, como publicó hace un mes la revista norteamericanaNational Catholic Reporter en un extenso y muy documentado reportaje, repartió dinero a espuertas entre la jerarquía vaticana –incluido el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado de la Santa Sede entre 1991 y el 2006– para blindarse de las cada vez más serias denuncias y acusaciones.

EL PRETEXTO DE UN FALSO MASAJE / Una víctima a la que se conoce simplemente como Aaron, de nacionalidad irlandesa, explica que en 1995, cuando tenía 16 años y se encontraba en el noviciado de la congregación en Dublín, fue forzado a masturbar al padre Eoghan Devlin con la excusa de que este necesitaba «un masaje». «A finales del 2000, cuando ya había salido de la Legión, leí por vez primera lo que les había pasado a otros legionarios en años anteriores a manos de Maciel –narra Aaron–. Y era lo mismo. Exactamente lo mismo. Maciel pidió a esos niños que lo masajeasen porque estaba enfermo y tenía permiso del papa Pío XII para que lo masturbasen».
El pasado miércoles, el obispo Ricard Watty, otro de los cinco investigadores del Vaticano, también indicó que la siniestra sombra del fundador de la Legión de Cristo –al movimiento, según sus propias cifras, pertenecen 70.000 personas, 800 de ellos sacerdotes– había contaminado a los otros miembros de la orden. «Hay muchos elementos de la personalidad del padre Maciel que sí impregno [al resto del movimiento]. De todo eso hay que liberar a la Legión. Son personas buenas, pero en una cubierta muy dañada, mala», manifestó el prelado a la televisión mexicana Televisa.

LOS MIEMBROS, AHOGADOS / «Nos estamos ahogando –concluye el sincero sacerdote que compara a Maciel con Jack El Destripador en la reunión en Roma con el vicario general de la orden–. Es un poco como el chiste: ‘Mamá, mamá, yo no quiero ir a América’, dice el hijo. ‘Pues cállate, niño, y sigue nadando’, contesta la madre».